Central
“Es la crónica de una oportunidad desperdiciada”, cuenta Gabriel Caamaño, economista de la Consultora Ledesma, porque el kirchnerismo nació de las cenizas de la crisis socioeconómica del 2001 y, pese a contar con “un ciclo externo muy a favor” hasta 2008-2009, no logró “un proceso de crecimiento sostenible que de pie a un proceso de desarrollo, más bien lo contrario”.
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Asunción
Cristina Fernández, que trata de despegarse de la crisis económica actual, encabezó un acto en Buenos Aires para conmemorar que el 25 de mayo del 2003 Néstor Kirchner asumió la presidencia argentina, tras ganar las elecciones del 27 de abril del 2003 con solo un 22% de los votos, después de que su oponente, el también peronista Carlos Menem, que había ganado la primera vuelta (24.45%), renunció a comparecer en la segunda.
Kirchner recibió una economía que ya se estabilizaba y que durante su gestión creció fuertemente mientras gozaba de un contexto externo de altos precios de las materias primas, bajas tasas de interés y dólar débil. Mantuvo superávits gemelos –fiscal y externo– y avanzó en el desendeudamiento –reestructuración de la deuda en default y con el Fondo Monetario Internacional–.
La sociedad agradeció esa política redistributiva, una bonanza que a parte de la población le genera nostalgia dados los fuertes desequilibrios que atraviesa hoy el país, aunque con los Kirchner también regresó la inflación, a la que respondieron con la intervención del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, que pasó a informar una inflación menor a la real.
La grieta
En la sociedad, esos años se engrosó una “grieta” que hoy divide a “los que invocan la representación del pueblo y lo que dicen defender los valores de la república”, señaló el director de Poliarquía Consultores, Eduardo Fidanza, una separación que algunos consideran que comenzó con el enfrentamiento entre el Gobierno y el sector agropecuario en el 2008.
Los Kirchner hicieron un pilar de su gobierno la reivindicación de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura militar (1976-1983), y un fallo del Supremo permitió la reapertura en el 2006 de los juicios a los represores, y más adelante avanzarían con la ampliación de derechos sociales de género.
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El matrimonio consolidó su poder dentro del peronismo, y, soñando con una alternancia, Cristina Fernández asumió en el 2007 como la primera presidente mujer electa en Argentina.
Kirchner falleció en octubre del 2010 tras sufrir un ataque cardíaco cuando se encontraba con su esposa en la sureña provincia de Santa Cruz, donde había gestado su poder cuando fue gobernador entre 1991 y el 2003.
Ya viuda, Fernández fue reelegida en el 2011 tras arrasar con el 54% de los votos.
Pero el crecimiento de los primeros años kirchneristas se volvió “insostenible por la propia política económica” y “al no querer corregirlo” provocó una “estanflación desde el 2011”, explicó Caamaño, ya que las administraciones de Fernández perdieron los superávits gemelos, estancaron la economía y la inflación se aceleró.
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La economía se fue cerrando, y al profundizarse la pérdida de reservas y el cierre de los mercados de deuda, se instaló el “cepo cambiario”, el esquema de fuertes restricciones para acceder al dólar.
Hoy, Cristina Fernández mantiene una fuerte adhesión de un núcleo duro en la sociedad, que tiene con ella una alta conexión emocional, y muchos le reconocen una gran capacidad política.
Elecciones
La presidencia de Mauricio Macri (2015-2019), de derecha y no peronista, estuvo marcada por la necesidad de contrastar su gestión con la del kirchnerismo.
La estrategia de Cristina de postular a Alberto Fernández como presidente le arrebató la reelección a Macri, y la pandemia, la guerra en Ucrania y una fatídica sequía impactaron en la maltrecha economía actual.
Cristina Fernández intenta despegarse del resultado económico, con altas tasas de pobreza y una inflación de 108.8% anual, estancamiento económico, escasez de divisas y mercados de deuda cerrados.
Tras la condena dictada en el 2022 contra ella –por corrupción en su tiempo como presidenta–, la vicepresidenta, convencida de que la Justicia la ha proscrito, declinó presentarse a las presidenciales de octubre, que determinarán, según los apoyos que reciba el candidato que ella avale, si está en declive o más vigente que nunca.
Datos
3 millones 327,605 afiliados tiene hoy el Partido Justicialista.
60% de los militantes son de La Rioja, La Pampa y Santiago del Estero. (EFE)
LATITUD 12
Internacionalista
fvallas@editoraperu.com.pe
El peronismo
Con más de siete décadas de vida política, algunos se preguntan ¿Qué es finalmente el peronismo?, ¿por qué se ha mantenido vigente desde que el general Juan Domingo Perón lo fundó tras el fin de Segunda Guerra Mundial?
En su paso por Italia, el entonces coronel Perón quedó impactado por la forma cómo Benito Mussolini se sostenía en el poder por medio del control corporativista de las organizaciones sociales.
Al entrar en la política, el militar sustentó su apoyo en los sindicatos, movimientos sociales, juntas vecinales, una característica que lo persigue hasta hoy.
El peronismo no es ni izquierda ni derecha; ni progresista ni conservador; ni liberal ni estatista. Se puede encontrar todos los matices, pero lo que teóricamente lo une son tres principios: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Por eso se puede observar el rechazo de Cristina Fernández de Kirchner a los acuerdos con el FMI porque atentan contra la independencia económica y no permite mayor gobernabilidad. En la forma como gobierna el peronismo, los intereses del Gobierno se mezclan con los sindicales, lo cual genera conflictos permanentes en la economía.
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