• JUEVES 12
  • de marzo de 2026

Opinión

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Salud mental, adolescentes y redes sociales

Son los padres quienes pueden monitorear y detectar los usos adictivos del ‘smartphone’.


Editor
Dr. Juan Francisco Dávila Blázquez

Profesor asociado del área de Marketing y Servicio. Universidad de Piura -Campus Lima


La tristeza afectó mucho más a las chicas (57%) que a los chicos (29%), y, también, a quienes se identifican con la comunidad LGBTQ (69%). En general, un 29% de los alumnos presentó problemas de salud mental, con una amplia diferencia, nuevamente, entre chicas (41%) y chicos (18%).

La primera tentación es atribuir estos incrementos de los problemas mentales a la pandemia y a las restricciones dadas por esta, desde el 2020. Y, aún más, si se revisa el informe elaborado en nuestro país por el Consorcio de Universidades a mediados del 2020, este registra que un grupo considerable de universitarios limeños presentó sintomatología severa o extremadamente severa de ansiedad (39%) y depresión (39%) durante la pandemia, y que un 30.8% de los estudiantes habían sentido deseos de morir.

Sin embargo, si se observan los datos de Estados Unidos se verá que el crecimiento de la tristeza y las ideas suicidas fue constante desde el 2011, al igual que el deterioro en otros indicadores de salud mental. ¿Qué ha cambiado desde ese año hasta nuestros días? Un rápido repaso del informe norteamericano muestra que el consumo de alcohol en los últimos diez años se redujo un 40%, el consumo de marihuana y drogas disminuyó un 30%, y el bullying o cyberbullying tuvieron también tendencia decreciente. Los cambios fueron más bien tecnológicos.

En el 2011, muy pocos adolescentes tenían smartphones, hoy su uso es omnipresente. Y aunque coincidencia en el tiempo no indica causalidad, algunos investigadores plantean que las redes sociales sí están causando problemas de salud mental en los jóvenes. Un estudio del 2018 mostró que el tiempo frente a una pantalla se relaciona con sentimientos de tristeza y consideraciones suicidas, mientras que los contactos personales, el uso de prensa escrita, los deportes y la asistencia a servicios religiosos disminuyen las posibilidades de depresión.

Un posible motivo de estos efectos es el desplazamiento de actividades más sanas, como los contactos personales o la actividad física, que se deriva del tiempo dedicado a redes sociales. Y, a veces, este tiempo no es lo único relevante: hay que medir la intensidad en el uso (cuánta importancia se da a la red social) y el uso problemático (alta frecuencia unida a dependencia).

Un estudio realizado el 2021 encontró que el uso problemático se relaciona más con los síntomas depresivos que el solo hecho de pasar horas en redes sociales. En el Perú se halló que la intensidad en el uso de redes sociales se relaciona también con el consumismo (o materialismo) de jóvenes universitarios.

¿Debemos concluir que las redes sociales son negativas? En absoluto. En la película Volver al futuro II (1989) se imaginaban la época actual (concretamente, el 2015) como una era de automóviles que volaban usando basura como combustible. Lejos estuvieron de adivinar la verdadera diferencia entre nuestra época y los años ochenta: hoy, toda la información del mundo es accesible desde un teléfono celular. Y eso es algo maravilloso. Las redes sociales permiten mantenernos en contacto con nuestros amigos de infancia o con nuestros parientes en el extranjero. El problema radica en su mal uso.

La adicción al smartphone lleva a comportamientos etiquetados como FOMO (del inglés fear of missing out), o tener que revisar constantemente los mensajes de WhatsApp para no sentirse excluido; o el phubbing, comer con tu hijo en la mesa sin poder conversar con él, porque prefiere chatear en su teléfono.

Algunos experimentos muestran que limitar el tiempo de exposición a redes sociales tiene efectos benéficos sobre la salud mental de los jóvenes. Y dado que gran parte del uso de redes se da fuera del colegio o la universidad, al final son los padres quienes pueden monitorear y detectar los usos adictivos del smartphone, preguntar al hijo qué inconvenientes le genera (la mayoría de los que tienen uso problemático de redes son conscientes de que algo va mal, aunque no sepan expresarlo) y diseñar con ellos un plan de acción para llevar una vida más sana.

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