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Este valiente qorilazo vivió siempre en la comunidad campesina de Fuisa, anexo de Patapampa en el distrito de Llusco, en la provincia cusqueña de Chumbivilcas. Aunque anheló ir al colegio, no pudo hacerlo. “Mis padres no tenían la posibilidad, fuimos cuatro hermanos y había que trabajar en la chacra”, recuerda.
Pero a la vez que trabajaba en el campo, don Luis aprendió los secretos y la técnica para dominar potros salvajes y toros bravos. Y también heredó de su padre la habilidad para trenzar lazos de cuero, el cual más que un accesorio es una herramienta para la mayoría de los chumbivilcanos, pues es usado en la fabricación de diversos artículos útiles para su vida cotidiana.
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Cuenta que su habilidad para lazar toros y potros bravos lo llevó a numerosos pueblos, donde conoció a la que sería su esposa, Eusebia Laime Valdez, con quien tuvo cinco hijos, cuatro varones y una mujer.
El hijo mayor de don Luis, Juvenal, quien tras la muerte de su madre (hace 2 años), se encarga del cuidado de su padre, cuenta que su progenitor siempre se esforzó por su familia y les enseño a él y a sus hermanos a ser valientes y respetuosos y sobre todo, trabajar con honestidad. “Trabajó en la venta de ganado vacuno, adiestrando caballos y toros, en el campo, fabricando lazos y viajaba intercambiando productos a Combapata, Pampaparca y Abancay, para que no faltara en la casa”.
“Siempre estuve orgulloso de mi cultura. Me siento feliz de ser chumbivilcano y de haber trabajado por mi comunidad”, dice este valiente hombre que además fue una autoridad en su pueblo, pues fue rondero y también teniente gobernador. Junto con sus vecinos luchó para evitar que Sendero Luminoso los invada y también supo administrar justicia.
Hoy, a pesar a su edad, don Luis Inga no deja de cabalgar. Para él su caballo es su mejor amigo y el único transporte que utiliza, pues considera que es un animal que “jamás te va a traicionar”.
Y aunque los años le pesan y sus manos perdieron destreza, don Luis sigue trenzando lazos con la ilusión de mantener viva su tradición la cual ha legado a dos de sus hijos, quienes prometen seguir tejiendo lazos y adiestrando caballos y toros bravos.
Tradición
Los lazos más resistentes se elaboran según el color del toro: bayo (color amarillo oscuro) y q’osñi o nevado (en quechua quiere decir color humo o gris).
También hay lazos de color blanco y castaño, que se usan para la elaboración de adornos, pues tienen poca resistencia. Los lazos se usan en los pueblos de esta parte del Cusco en la fabricación de bozales, fuetes o chicotes, maniotas, liwis, warak’as, riendas (correas para guiar a los caballos), reatas (cuerda para atar la carga en las mulas), entre otros artículos.
La valentía y destreza de los qorilazos se asocia a la cultura taurina, el rodeo y el adiestramiento de caballos. Es una forma de ritualizar el trabajo ganadero y una oportunidad para demostrar sus habilidades con el lazo.
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Cerca de 200 danzantes y músicos se harán presentes para alegría de vecinos y visitantes. pic.twitter.com/Kk8dYfh9K6