• JUEVES 4
  • de junio de 2026

Opinión

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Lo caleta y lo pacharaco entre muchachitos del ayer


Editor
Fidel Gutiérrez

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe


En estos días, el limitado uso de este peruanismo se restringe a situaciones de ocultamiento. ¿Ejemplos? “El ‘pata’ se ‘encaletó’ en su ‘caña”. “Cuando entres al cine, ‘encaleta’ la canchita”, y así. Años atrás se aplicaba también a objetos y trabajos vinculados con la cultura popular. En esos casos, lo ‘caleta’ tenía, además, una connotación cualitativa. Sí: se trataba de libros, películas, discos o artistas poco conocidos, pero dignos de búsqueda y de recomendación. En una sociedad aún no inmersa en la inmediatez y vastedad de la información que hoy se comparte por vías virtuales, acceder a lo ‘caleta’ suponía un privilegio; un carné de ingreso a una sociedad casi secreta o a un club de iniciados.

En lo que respecta al consumo de música, estas cofradías alzaban la cabeza en predios salseros y roqueros, mayormente. En estos se valoraba mucho el aporte de quien, por viajes o contactos en el exterior, conseguía antes tal o cual disco o descubría a algún artista. Cuando estas logias guardianas de lo poco conocido crecían, algunos de sus más conspicuos integrantes pegaban el grito en el cielo. Las exclusividades ya no eran tales y, más bien, se estaban ‘pacharaqueando’. Y aquí encontramos otro peruanismo que, por denotar prejuicio y sesgo, afortunadamente también está en desuso.

Ser ‘pacharaco’ en la Lima del ayer implicaba ser ‘huachafo’; es decir, socialmente desubicado, al asumir modos supuestamente “ajenos” a un entorno o condición social. He allí, pues, un buen ejemplo de cómo el lenguaje puede servir para afianzar a sectores dominantes y para mantener brechas en vez de reducirlas. De allí que varios que entendían lo ‘caleta’ como distintivo de una élite lo confrontaran con lo ‘pacharaco’, vinculando este, peyorativamente, con lo masivo y popular.

Ahondar en los divertidos pero a la vez patéticos extremos a los que los devotos de lo ‘caleta’ llegaban en su lucha contra la ‘pacharaquería’ demandaría más espacio. Baste consignar como epílogo que estas reflexiones sobre palabras que son casi arcaísmos derivan de reflexiones sobre 10 Historias caletas de la música juvenil peruana, libro en el que participo y cuyo título me fue objetado por un par de jóvenes lectores. Estos, sin prejuicios, no dudaron en hacerme la pregunta con la cual empieza esta columna.

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