Central
El INR es el centro de referencia en el tratamiento de personas con lesiones medulares.
Quienes sobrevivieron a este virus estuvieron destinados a una vida en situación de discapacidad, ya que perjudicó parte de su sistema nervioso central, causándoles debilidad muscular en distintos grados de severidad.
La polio no tiene cura y causa discapacidad permanente en niños y niñas menores de 5 años que no están vacunados. Las estadísticas del Ministerio de Salud (Minsa) señalan que el Perú no registra casos desde hace 32 años. Y aunque para muchos este virus es solo un recuerdo, para otras es la forma de vida que tuvieron que aceptar.
El último caso, que se reportó en la región Loreto, en marzo de este año, fue por poliovirus derivado de la vacuna.
“Este virus no ha tenido la posibilidad de hacer una pandemia como sí lo fue décadas atrás, y eso es gracias a la vacuna. La polio es una enfermedad que destina a los pacientes al dolor y discapacidad, se les puede ayudar con rehabilitación, pero es mejor que los padres tengan claro una frase: vacunación sí o sí”, explica el doctor Luis Astocaza, del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) “Dra. Adriana Rebaza Flores” Amistad Perú–Japón del Minsa.
Testimonios
“Quizás han escuchado muy poco de esta enfermedad, pero quienes la padecemos llevamos una vida llena de dificultades. Incorporarse a la sociedad no es fácil, hay muchas trabas. Por eso, los invoco a estar atentos a las vacunas de sus hijos y a estar pendientes de sus controles médicos para que sean personas saludables”, aconseja Aurelio Rengifo.
A sus 62 años recuerda cuando sus padres le explicaron que antes de cumplir un año había dado sus primeros pasos. Pero, meses después, se contagió de polio y lamentablemente no pudo volver a caminar. Su padre lo llevó a varios médicos en busca de una cura, hasta que uno le indicó que el diagnóstico era “parálisis infantil” y el daño era irreversible.
Los años siguientes fueron de intensa rehabilitación para evitar que la enfermedad empeorara su salud. Con el tiempo, Aurelio acogió su discapacidad y aprendió a sacarle el mejor provecho a la vida.
Su esposa desde hace 36 años es Haydee Cueva, otra sobreviviente de la polio. Sus padres le contaron que la enfermedad empezó con fiebre alta y ella dejó de caminar. Preocupados, la llevaron con varios médicos, quienes confirmaron que la flacidez de sus piernas era consecuencia de la poliomielitis.
Desde entonces, Haydee empezó con intensas sesiones de rehabilitación y logró mover la cintura y una de sus piernas. De todos modos, usa silla de ruedas para movilizarse.
Cuando Oscar Carrera –ahora de 62 años–, tenía solo 1 año, sus padres notaron que ya no se paraba dentro del corralito. Lo llevaron al centro de salud, donde les dijeron que tenía polio y aunque le pusieron la vacuna, era demasiado tarde: Oscar nunca volvió a caminar.
Principales afectaciones
Para atenuar las secuelas de la polio, la rehabilitación juega un papel importante porque mejora la calidad de vida de los pacientes, a nivel físico, sicológico y social.
Pero, ¿cuáles son las afectaciones más frecuentes en los pacientes con polio? ¿A qué circunstancias se enfrentan? Son algunas de las preguntas que surgen en relación a las secuelas que deja la polio en las personas.
El médico rehabilitador Luis Astocaza menciona que la principal deficiencia es la debilidad muscular ocasionada por una lesión medular.
Se relaciona con la parálisis flácida asimétrica de los miembros inferiores (músculos de la pelvis, muslo, piernas y pies) en su gran mayoría; y la debilidad del tronco y los miembros superiores (hombros, brazos, antebrazo y mano), según el nivel de compromiso de la médula espinal.
“Lo más evidente es el déficit motor caracterizado por una debilidad muscular variable, flácida y asimétrica: es mayor en una pierna que en otra, o menor en los pies que en la zona pélvica o muslos. Por eso, vemos pacientes que se movilizan con apoyo de bastones, muletas o uso de andador”, explica.
Además, la lesión medular puede presentar una afectación sensitiva y afectación de esfínteres. La debilidad y atrofia musculares condicionan alteraciones posturales como escoliosis, recurvatum y pie caído, los cuáles son factores de riesgo para contraer hipertensión, diabetes, dislipidemias y obesidad.
En el aspecto emocional se evidencian alteraciones en la autoestima, motivación, llegando a desarrollar episodios de depresión. Y en lo social, hay dependencia a los familiares para desarrollarse. “Todo esto, no hace más que mantenerlo en situación de discapacidad”, subraya.
La rehabilitación
Para el tratamiento de los pacientes con secuelas de la polio, primero se realiza una evaluación general identificando el nivel de daño de la médula espinal y las deficiencias que padece. Luego, se establecerá el plan integral de rehabilitación, sea de forma ambulatoria u hospitalaria.
“Si notamos algo de fuerza en un grupo muscular, trabajamos para que se le haga más fácil y mejor ese movimiento”. Caso contrario, en el INR usarán algunas ortesis, dispositivos que sirven para mejorar la función del movimiento, alinear una articulación o proteger una estructura corporal.
El tratamiento se completa con cuidados de piel y posturales, estimulación neuromuscular, manejo del dolor e intervención psicológica e intervención para soporte psicosocial, entre otros.
Para ello, el INR cuenta con un área de hospitalización donde brinda servicios de medicina de rehabilitación, terapia física, ocupacional y otros. Estas atenciones se brindan de forma ambulatoria; y todo a través del Seguro Integral de Salud (SIS). Esto lo convierte en el único establecimiento de salud de referencia en el tratamiento de personas con lesiones medulares en el país.
Precisa Astocaza, del Departamento de Lesiones Medulares del INR, que un ciclo de rehabilitación ambulatoria puede durar de 4 a 5 semanas acudiendo 2 a 3 veces por semana. El tratamiento por hospitalización lleva de 3 a 4 meses.
En lo que va del año, de 5 a 10 pacientes, de entre 40 y 60 años, con secuelas de polio acuden al INR para recibir controles y/o tratamiento de manera ambulatoria; varios por síndrome pospolio, que se caracteriza por una debilidad, fatiga y dolores musculares. En el 2022, se atendió de 10 a 15 personas, de 50 y 60 años.