Ozio
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Lima, 20 de agosto.- Fue la niña que a los 5 años pasaba una franelita y acariciaba el diapasón del charango de sus primeros dos acordes; la jovencita que a los 14 grababa su primera canción -una con letras de amores contrariados en la núbil experiencia adolescente-; anoche fue la mujer que, entre aplausos, en el Gran Teatro Nacional de Lima, resumía junto a una treintena de músicos y bailarines, sus 20 primeros años de trayectoria artística.
Se llama Damaris Mallma Porras, o Damaris, a secas. A las 8 y 25 de la noche, se correría el telón del GTN y entre el sonido del sintetizador y las percusiones, Damaris emergería lentamente, junto a sus músicos, para iniciar la presentación.
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En el repertorio y la puesta en escena, las canciones hilarían la tradición con lo contemporáneo, lo andino con lo citadino. Acompañó el show “Damaris 20 años”, una propuesta visual para la cual tomó prestado los tapices del maestro ayacuchano Máximo Laura.
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Momentos acústicos
La cantautora reafirmaría su identidad huanca regalando, a charango y saxo, un mix de canciones del valle del Mantaro, incluidos los celebérrimos “Caminito de Huancayo” y “Vaso de cristal”.
No sería el único momento acústico. Junto a las maestras María Elena Pacheco (violín) y Magaly Luque (violonchelo), minutos después, Damaris entregaría otro potpurrí, esta vez dedicado al Dúo Wayra, cuyo casete, recordaría, llegó a sus manos a los 8 años y fue una revelación de lo que podían hacer las mujeres y sus voces en armonía como intérpretes de música popular andina.
Saltaría, decíamos, varias veces de los temas más íntimos a otros en fusión, donde el ritmo y el color de los 11 instrumentistas -dirigidos por Jeremías Urrutia- se lucieron junto a los tres coristas y un buen sonido, de Alfredo Quequezana desde los controles técnicos.
Las coreografías serían elegantes y completarían este concepto artístico de Damaris, donde las herencias culturales andinas, costeñas y amazónicas se dan de la mano con el Perú del siglo XXI y otras influencias de extramares.
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Recorrido musical
En una pausa, Damaris agradeció a los muchos músicos y artistas que conoció y la influyeron a lo largo de su recorrido artístico.
Si bien suma más de dos décadas desde que se inició como músico y danzante que acompañaba en sus presentaciones a su mamá, Victoria Porras, la popular Saywa, la artista cuenta su aniversario profesional desde la salida de Dame una señal (2003), su primer álbum.
Entonces hizo un breve mix de ese, su primer repertorio, reconociendo al percusionista Martín Venegas, productor del álbum, como alguien que le ayudó a encontrar su identidad musical.
Cerraría esa etapa con dos caporales con arreglos pop y mucha presencia percutiva.
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Madre e hija
A Damaris el tiempo le quedaba corto, pero se dio espacio para cantar y bailar a dúo con su madre, Saywa, un chimaychi de Pomabamba (Áncash).
Decíamos, que Damaris subirían y bajaría los ritmos a lo largo de las casi dos horas de espectáculo en el GTN, y la fusión sería trasversal, una constante con “Mil caminos”, inspirada a la danza de las tijeras, “Chayraq (Carnabilongo)” o “Tusurikusun (Negrillos)”.
La cantautora se cambiaría cuatro veces de vestuario, participaría de las coreografías, tocaría varios instrumentos, demostrando su versatilidad, y todo sin dejar su sonrisa amplia.
El zapateador Toño Valdez haría un contrapunto genial con el baterista y los dos percusionistas y Dámaris volvería sosegada con dos baladas pegaditas.
La nueva Damaris
Entonces presentaría un adelanto de su nueva propuesta, su cuarto álbum, Corazón, grabado en Nueva York, donde reside desde la pandemia, desde que dejó la conducción de Misky Takiy (TV Perú) para estudiar música en BerkleeNYC.
Es una Damaris con un sonido más elaborado y una producción más sofisticada. La cumbia amazónica “Entre el sol y la luna” sería la mejor a la pregunta, ¿a dónde va Damaris?
Los compases de “Tusuykusun”, con la cual ganó el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar (Chile) en el 2008 adelantarían el cierre de fiesta. El broche final, con la presencia de las machitas del caporal, los danzantes urbanos y los danzantes de tijeras, todos sumados a los 14 músicos para interpretar la cumbia inmortal “Cariñito”, darían la idea de quién es Damaris y hacia dónde conducen sus mil caminos.
Dato:
Concierto será transmitido en las siguientes semanas por TV Perú.