• DOMINGO 15
  • de marzo de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

El poder del amor


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


El poeta surrealista César Moro, uno de los más maravillosos artistas peruanos que ha poetizado sobre el amor, indicaba en “Renombre del amor”: “El amor dedica al amor/Los días sin lluvia/Y como corresponde los días bellos/Para el amor y sus preferencias/Al prestigio del más antiguo amor/A la lluvia de la palabra amor/Al único amor sin pesar.”

Es que sabemos que el amor mueve el mundo. Canciones, poemas, sinfonías, relatos, artes plásticas, todo el catálogo de la humanidad nos ha mostrado cómo este sentimiento es el verdadero motor de los seres humanos. Sin embargo, en el mundo actual, en el que los sentimientos tienden a ser infravalorados, es buen momento para reafirmar que hay zonas sentimentales que son recordatorios de aquello que nos define como humanos. Y que, por supuesto, no tiene precio. En una situación actual en la que todo se tasa y cotiza, en la que se tiende a concebir la realidad como un gran mercado, los sentimientos son una zona de resistencia ética y que debe resistir a los embates de una lógica mercantilista de las emociones.

Aceptemos que los que aman, los que se atreven a amar, con esa libertad y osadía, son modos indescriptibles de valentía que valoramos. Amar es una forma de rebeldía moral en estas circunstancias en las que algunos creen que el amor tiene una tarifa y una cotización. Incluso, ante la pretensión de constreñir a únicas formas de amar, como si fuera un exclusivo imperativo dictaminado por unos grupos que circunstancialmente definieron (y legalizaron) excluyentes maneras de ser amado y reconocido. El amor en los tiempos actuales tiene que ser libre, respetuoso, luminoso, como un ejercicio de ciudadanía, reconocido en sus formas de asociación y, sin dudarlo, con su estética correspondiente. En otros países, ese reconocimiento de la libertad, que es uno de los logros de la vida moderna que hay que defender, ha ido desplegándose en acciones concretas. En el Perú tenemos que estar en esa ruta, aun cuando parezca que el camino es largo y resbaladizo. Es que es un derecho amar y ser amados. El amor no debe prohibirse.

Por eso, cuando Percy y Daniel hicieron, en un lugar cálido de Lima, una hermosa ceremonia pública de nupcias simbólicas, nos recordaron que nosotros tenemos en los sentimientos nobles, en la libertad de amar, una característica fundamental que nos define como seres humanos.

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