Explicaciones concretas a este fenómeno hay varias, empezando por el alto nivel cualitativo de sus composiciones e interpretaciones desde los albores de Soda Stereo, el grupo de rock con el que se dio a conocer continentalmente.
Siempre atento a las corrientes musicales de avanzada –principalmente a las gestadas en Europa–, el argentino ofició como un adaptador de estas a nuestras idiosincrasias, plasmando dichas influencias en composiciones que son a estas alturas clásicos no solo del rock en castellano, sino de nuestra música popular. Un brillante y temprano ejemplo es “Cuando pase el temblor”, pieza cuyas pinceladas de new wave, reggae y reminiscencias andinas, junto a una poética letra que se debate entre la desolación y la esperanza, grafican con más precisión que varios tratados sociológicos la turbulencia y la incertidumbre que debieron afrontar los jóvenes que crecieron en Latinoamérica en los años 80.
Casi desde el inicio de su carrera, la música de Cerati gozó del favor de los peruanos; sobre todo de quienes encontraron en el rock en castellano que en aquel tiempo renacía un vehículo eficaz para la búsqueda de identidad y una ruta hacia una modernidad renovadora. Multitudinarias giras y presentaciones en varias ciudades, entre 1986 y 1987, consolidaron su popularidad y la de su banda.
Su retorno en 1995, en dos apoteósicas presentaciones en Lima y Arequipa, fueron el preámbulo para posteriores visitas del músico, ya como solista, con el intermedio de la reunión de Soda Stereo en el 2007, en plan superestrella y con el Estadio Nacional lleno por partida doble. De hecho, una de sus últimas apariciones públicas se dio en Lima en abril del 2010, 21 días antes de caer preso de un coma en el que permaneció más de cuatro años antes de fallecer.
Ese arraigo de Cerati en Perú hace explicable que en la llamada Ciudad Blanca se organice un homenaje singular, centrado tanto en la música como en las artes plásticas. La muestra ‘Arequipa Interpretando a Cerati’ que se inaugura mañana lunes en el Hall del Paraninfo de la Universidad Nacional de San Agustín, reunirá los trabajos de 30 pintores inspirados cada uno en alguna canción del artista argentino. Sus visiones se han plasmado en formatos similares a las fundas de los discos de vinilo. Sin duda un festín tanto para quienes seguimos añorando a Gustavo como para los que simplemente aman y respetan a la música en general.
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