• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

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Responsabilidad social

Conozca el proyecto que convierte botellas de plástico PET en hilos que usan artesanas



Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


1.
“Flor que nace entre las grietas de las rocas”. Eso significa en quechua Qikyusisa. Es el nombre de una asociación en Ventanilla, en el Callao, que integran 80 mujeres, entre jóvenes y adultos mayores.

Durante la pandemia, en el 2021, ellas recibieron una propuesta: aprenderían a bordar prendas con hilos hechos a partir de las botellas recicladas (hilos PET) y recibir ingresos económicos por sus ventas.

Era algo novedoso. Y todas aceptaron el reto. Con las capacitaciones aprendieron a manejar las máquinas de coser y a sacar los diseños, a ver cómo podían darle formas. Al inicio, hacer un adorno tipo “corazón” les tomaba un día, ahora, con la práctica, pueden confeccionar hasta 60.

La señora Juana Rosas Meneses asegura que el hilo es inclusive más delgado que el tradicional de algodón. “Trabajar con el material reciclado es fácil. Es como cualquier lana, lo único que tiene es un poquito más de pelusa”.


La primera propuesta de Pepsico, en alianza con la embotelladora CBC Perú y Khana (esta última, empresa articuladora que se relaciona con las comunidades, las capacita y comercializa las prendas) fue para que borden mandiles, chullos y chalinas; parte del lote de las primeras prendas fueron enviadas a familias de las zonas altoandinas.

“Con lo que nos pueden pagar por los pedidos, que llegan cada dos meses, se solventan gastos de las madres solas y los adultos mayores”, cuenta la señora Rosas. Las asociadas se reúnen tres veces a la semana, en el local del asentamiento humano Seis de Diciembre y en la segunda etapa del asentamiento humano Keiko Sofía Fujimori, donde se ubica el comedor María Elena Moyano.

Pero ¿cómo todas logran ganancias? La filosofía de las Qikyusisa es sencilla: todas las mamitas participan en las diversas etapas de la producción de las prendas. Por ejemplo, si hacen corazones, varias se dedican al bordado, otras cosen las piezas, unas terceras los unen y rellenan, y otro grupo se enfoca en los detalles. “No somos egoístas, queremos que todas trabajen y que lo que se gane se reparta entre todas”, dice Juana Rosas.

Lo primero que aprendieron a tejer con la asesoría técnica de Khana fueron chalinas. El hilo PET viene en varios colores y eso les permite diversas combinaciones para los acabados de sus trabajos. 

“Yo pensaba que era imposible que de la botella de plástico salga el hilo. Y aunque no lo crea, es un gorro más abrigador”, dice, por su parte, Patricia Sánchez, una de las 400 asociadas del comedor María Elena Moyano, que alimenta a más de 3000 familias. Del total de asociadas, el 10% son artesanas que aprendieron a tejer con este proyecto. Se juntan dos veces a la semana para prácticas, para hacer bordado, costura. Ahora, Khana les está retando para que amplíen sus confecciones de gorros, corazones, mascarillas, portacelulares, canguros y portalaptops. Todo con material reciclado.

2.

A casi dos horas del Centro de Lima, en el límite con la provincia de Huarochirí se ubica el comedor Micaela Bastidas, en el anexo de Jicamarca, en el distrito de Lurigancho-Chosica.
Sus 22 socias se han abrazado al develar el nuevo letrero de su histórico local, fundado en 1984 por 120 mujeres provincianas, la mayoría de Ayacucho, Huarochirí y de otros lugares.

Ellas tienen la tarea de preparar 115 raciones diarias para sus comensales; son familias que viven de trabajos independientes, de cachuelos. Su presidenta, Isabel Castillo Soto, manifiesta que cuando llegó la pandemia eran 60 mamitas, pero muchas fallecieron por el covid-19.


Hace dos meses, Pepsico y Khana las visitaron y las invitaron a participar del proyecto Programa Botellas que empoderan y alimentan: ellas acopiarán botellas recicladas y estas empresas recogerán el material y les ayudarán con alimentos, lo que redundará en una mejora de su canasta y en una mejor alimentación para sus familias.

3. 

La gerente de Marca de Pepsi, María Gracia Lamas, cuenta que “Botellas que empoderan” comenzó en el 2019, cuando artesanas de la región Ayacucho, junto con un diseñador, bordaron con hilos de botellas renovables de Pepsi accesorios para trajes del 60° Concurso Mundial de Marinera Norteña en Trujillo (2020).

Con la pandemia del covid-19, el proyecto se adaptó y pasaron a elaborar mascarillas con telas creadas a partir del plástico y se donó el stock a una comunidad en la región Puno.

“En estos cuatro años, el programa ha trabajado con un total de 253 toneladas de plástico reciclado. Hoy, el proyecto está en tres comunidades. En el curso del año ha reciclado 15 toneladas de plástico. Nuestra meta es cerrar el 2023 con 20 toneladas de plástico reciclado”, dice Lamas.

Los comedores beneficiados se ubican alrededor de las plantas embotelladoras donde trabajan productos de la marca (dos en Huachipa y uno en Sullana). Explica que los comedores generan ingresos mediante el reciclaje: las señoras reúnen las botellas y se las dan a Pepsi, que las entrega a Industrias San Miguel, la cual se encarga del reciclaje y la transformación en hilos (que servirá para las mujeres artesanas de Ventanilla). El reciclaje genera un ingreso y, con ello, se compra alimentos para ayudar a sus canastas básicas.

De esta manera, se cierra el ciclo de la economía circular, dice Lamas. Destaca que, a nivel latinoamericano, el Perú es uno de los primeros países donde la marca está desarrollando este tipo de iniciativas alineadas en PepsiCo Positive (pep+), la estrategia global que apuesta por la sostenibilidad y el capital humano como estrategia de negocio.

CBC Perú es la embotelladora en el país de la marca y, como socio estratégico, también está involucrada en la iniciativa. Analí Huamancaya, gerente de Asuntos Corporativos de la firma, cuenta que hace cuatro años iniciaron el proyecto para encontrar “un segundo uso” a las botellas de formato renovable de Pepsi.


“A diferencia de las retornables, las botellas renovables no se vuelven a llenar y nosotros las convertimos en hilos o fibras”. Los consumidores dejan estas botellas vacías en el punto de venta (las bodegas), se recogen y en la planta de Huachipa son prensadas y compactadas, y luego Khana las lleva a dos empresas que las transforman, dependiendo si son hilos o fibras.

De botellas a hilos

“Las botellas PET pasan a la planta de reciclaje, donde son seleccionadas, limpiadas, se les retira las etiquetas, se trituran, se lavan, se secan, pasan a estrujado por medio de calor, se funden y se genera el hilo. La máquina estrujadora, mediante un tornillo sinfín, genera el hilo, esta materia prima sale como un cordel, después esta fibra pasa por un proceso de ablandamiento que le da las características del hilo que conocemos. Es un proceso automatizado y va dependiendo de la demanda, puede ser un día. Son fábricas grandes que tienen máquinas industriales. 

Los hilos tienen la ventaja de que son bastante resistentes, fibras duraderas frente a otras. Tenemos hilos en colores pastel. La gama de colores no es tan amplia, debido a que la misma botella PET no permite la absorción de toda la gama de colores. Y los procesos son más respetuosos con el medioambiente”, explica Francisco García, fundador de Khana.

Datos:
Más de 500 mujeres participan del programa y han recibido más de 940 horas de capacitación en técnicas en diseño y bordado, y gestión empresarial.

La donación de alimentos beneficiará a dos comedores populares de Sullana y de Huachipa, con un incremento de más de 17 000 raciones durante toda la intervención del programa.

Cifra:
253 toneladas de botellas PET ha reciclado el programa desde el 2019.