• JUEVES 12
  • de marzo de 2026

Opinión

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La mujer orquesta de la industria discográfica


Editor
Fidel Gutiérrez Mendoza

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe


Rebeca Llave fue una de las primeras gestoras musicales del país. Su afición por la música la convirtió en una mujer orquesta, capaz de dirigir a dos manos un sello discográfico, durante la edad de oro de la música grabada en el Perú. Disperú fue la empresa que esta limeña de luminosa sonrisa fundó y promovió entre 1964 y 1969, permitiendo que artistas de diversos estilos pudieran grabar discos y ampliar sus horizontes.

Las nuevas generaciones han empezado a reconocer la importancia del trabajo artístico y empresarial que Rebeca realizó. Si bien su nombre ha vuelto a mencionarse por ser la responsable de que la trasgresora música de los Saicos haya sido grabada, lo cierto es que ella le abrió las puertas de la industria a numerosos y talentosos artistas, como el inquieto Jean Paul El Troglodita, los elegantes Peruvian Brass y los criollos Los Fortuna.

Disperú nació de Dispesa, el sello para el cual Rebeca, siendo aún menor de edad, trabajaba seleccionando los artistas y canciones extranjeras que podían tener éxito en el mercado peruano. Su carisma la hizo familiar con varios artistas locales, quienes le pedían grabar en dicho sello. Algo cansado de dicha insistencia, José Luis Salazar, su jefe, le recomendó hacer su propia empresa discográfica, sin dejar de trabajar para él. Así, en sus ratos libres, la señorita Llave fue seleccionando artistas, grabándolos, promocionándolos en radios e incluso diseñando las portadas de sus discos. Al ser un personaje reconocido en la industria, se le permitía llevar a sus artistas a grabar en los estudios de otros sellos que, además, le fabricaban los discos para su venta.

Rebeca también lanzó discos de extranjeros como Los Cuatro Brillantes y Los Cinco Latinos. Estos, así como los éxitos de los Saicos fueron sus cartas más emblemáticas y vendedoras. Su volumen de ingresos crecería, a tal punto que su jefe, el dueño de Dispesa, empezó a pedirle préstamos que permanecían impagos largo tiempo.

Cansada de esa situación y dispuesta a cambiar de aire, Rebeca viajó a Estados Unidos, y a su regreso decidió dejarlo todo. Prefirió no sacar cuentas ni reunir las cintas maestras de sus discos. Simple y llanamente ingresó a una nueva etapa de su existencia. 54 años después, la música la reclama de nuevo, con un reconocimiento a su labor en el Vinyland Fest, encuentro de coleccionistas y DJ que reivindican el formato del disco de vinilo, que se realizará el 27 y 28 de octubre, en la Casa Suárez, de la cuadra 42 de la avenida Arequipa.