• VIERNES 13
  • de marzo de 2026

Cultural

FOTOGRAFIA
Arte contemporáneo

¿Quién fue Tilsa Tsuchiya, cuyo rostro aparece en el nuevo billete de S/ 200?


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


En sus años postreros, la artista, hija de un japonés y una peruana tusán, de tamaño menudo, huraña, que gustaba vestirse de colores oscuros (los grises siempre aparecerían en sus obras), que repelía la vulgaridad y la mediocridad, que pintaba por las mañanas y dibujaba de noche, que escuchaba a Vivaldi y a Wagner, que leía al filósofo orientalista René Guenon, que azotaba la paleta de colores sobre todo con el pincel delgado. 

La que daba vida en pinturas, dibujos, esculturas, en un taller de cinco metros por cuatro, a personajes míticos, donde lo erótico siempre salía a flote (¿acaso no es esencia de lo humano?); personajes que hacían el trasvase plástico natural entre las culturas de Oriente y Occidente. Que era su búsqueda estética particular, por ello le dolía tanto separarse de un cuadro como un día convertirse en “una máquina productora de cuadros”.

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Un cuadro de Rembrandt la impactó y decidió dejar la Medicina y la música (sus manos eran muy pequeñas para dominar el piano), para dedicarse al arte. Ingresó a los 19 años a Bellas Artes, pero por la muerte de sus padres tuvo que dejar unos años los estudios para dedicarse a trabajar.

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Tilsa Tsuchiya (Supe, 1928-Lima, 1984) explicó que su nombre no significaba “nada”. Su madre de embarazada leía una obra de Tirso de Molina y su padre, el doctor Yoshigoto Tsuchiya, la quiso inscribir como Tirsa, pero el registrador le puso la “l”, pensando que el padre había pronunciado mal. Y, sin querer, la singularizó.

Perteneció a la llamada Generación de Oro de Bellas Artes, donde se formó entre 1954 y 1959 y tuvo como primer gran maestro a Ricardo Grau. El crítico Mirko Lauer apuntó en La Crónica que si Grau eliminó la figuración, Tilsa optó por “la esoterización del universo figurativo”.

En 1979 una encuesta de la histórica revista Hueso Húmero le dio el segundo puesto de los artistas preferidos del país. Pero ese camino no tenía ningún tamiz romántico. Decía Tilsa que ser artista era sufrir desvelos, angustias y privaciones.

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Si bien saboreó el reconocimiento en vida, este multiplicaría tras su muerte. Sus obras se expondrían en galerías y museos Nueva York, Miami, Osaka, Londres y otros.

En el 2000, Lima la recordaría con dos exposiciones paralelas: la del Museo de Arte resumió sus obras de 1954 a 1973, y la del desaparecido espacio de Telefónica, las de 1974 al año de su muerte, 1984.

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Su universo sincrético queda mejor reflejado en la serie de los “Mitos”. “Para mí, los mitos son una realidad”, explicó en 1976.

Su cuadro pionero de esta serie es “Machu Picchu”. Otro famoso es el Mito de la laguna” (1976), basado en el árbol de la coca. Pero el más importante es Tristán e Isolda (1974), basado en la leyenda británica del amor idílico de una pareja, que Tilsa representó con dos lenguas aunadas como sogas. La sutileza de la paleta de colores remite a la cultura oriental.

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Tilsa llegó a dominar los claroscuros, y sus grandes obras las produciría desde los setenta. En ello influyeron los más de 10 años que vivió en Francia junto con su esposo y su segundo hijo.

Cuando retornó a radicarse a Lima, a los visitantes de sus exposiciones les chocó esta novedad: cuadros muy técnicos, lineales y geométricos.

Su arte no solo era bastión de sueño, sintetizaba reflexión e historia. Hizo suyos los ideales de justicia y libertad y le impactó la muerte de los jóvenes idealistas Javier Heraud y Juan Pablo Chang.

¡Qué curioso! El único cuadro que se salvó del incendio del Banco de la Nación del 28 de julio del 2000 fue uno suyo, Madre tierra: una mujer cobriza y desnuda que entre montañas otea el mundo. (Con información del Centro de Documentación de El Peruano)

Datos:

La artista fue la Gran Medalla de Oro en Pintura de la promoción 1959 de Bellas Artes.

En el 2001 se publicó el libro Tilsa, que reunía reproducciones de sus obras y semblanzas sobre ella.

Cifra:

882 mil dólares se subastó en 2022 su cuadro Tristán e Isolda, por Sothebys (Nueva York). Se convirtió en la primera obra de un artista peruano que se vende por ese monto.