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Esperanza

Casa Ronald cumple una década dando alojamiento a familias con niños en tratamiento médico


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


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Primero fueron los vómitos. Sara Pulache pensó que se debía al cambio de marca de leche. Luego, Irene, su única hija, empezó con los dolores. Era el 2020, tiempos duros de la pandemia, y ellas ingresaban una y otra vez a Emergencia del hospital de Trujillo. Los análisis arrojaban que todo estaba bien, pero los malestares continuaban. 

Visitaron más doctores. Se sumó el problema con un ojo (el oftalmólogo dijo que era estrabismo). Finalmente, llegaron donde un neurólogo. Bastó un chequeo para dar con el diagnóstico: tumor cerebral.

El único lugar para tratarla era Lima, les dijo. Sara y su pareja trajeron a su hija al hospital Rebagliati en febrero del 2022. A los días, la niña era operada. Fue durante esas largas esperas, en que una mamita le habló de “la casita”, Sara preguntó a la asistenta social del nosocomio y, desde entonces, Sara e Irene tienen un espacio donde llegar cada 15 o 30 días, cuando a la niña de 7 años le toca continuar con su tratamiento oncológico y controles en Lima.

“Las señoritas son muy amables, nos dan mucho amor; y los voluntarios me han ayudado mucho en la parte emocional”, dice Sara, a quien casi le da parálisis facial por tanta preocupación.

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En la casa Ronald McDonald de Jesús María hay 72 camas que pueden usar 35 familias al mismo tiempo. Ahí encontramos a la señora Elva Chambilla y su hija, Ely, de 15 años.

Cuando tenía 13, en Juli (Puno), creían que Ely estaba embarazada. Ella sufría de dolores intensos y su vientre estaba abultado y duro “como una roca”. En enero del 2022 le dijeron que era un tumor. EsSalud de Puno la transfirió a Arequipa para que la operaran. Luego, continuó con ocho sesiones de quimios. Como la segunda operación era muy peligrosa, de Arequipa la derivaron a Lima. Ely y su mamá se alejaron más de casa; ahora llegaban a una ciudad donde no tenían familiares.

Los chequeos trimestrales revelan que va mejorando. Ahora, mientras asiste a sus chequeos, Ely se relaja en “la casita”, baja de su habitación a ver la tele y tiene una biblioteca disponible, mientras su mamá y las otras madres hacen turnos para cocinar. Todo ello es un gran ahorro en hospedaje y alimentación para las familias.

“En la casita nos encontramos con papás que venimos de diferentes provincias, que traemos a nuestros hijos con diferentes diagnósticos. Me siento alegre porque sin esta casita, dónde estaríamos con nuestros hijos que tienen chequeos constantes”, reflexiona la señora Elva. Ely ya lo tiene decidido, ahora que acabe el colegio, estudiará Obstetricia.

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El 24 de enero, la asociación Casa Ronald McDonald Perú cumplió una década de servicio albergando a familias con pacientes pediátricos en tratamiento.

En febrero del 2014 abrió su primera casa en el distrito de Jesús María. Y en la actualidad administra dos hogares y una sala de uso diurno.

Destaca su director ejecutivo, Jonathan Rossi, la labor de Mónica Pfeiffer, quien se contactó con Ronald McDonald House Charities y logró traer la iniciativa al país. Y a Virginia Baffigio, entonces presidenta de EsSalud, quien facilitó que el local de EsSalud en la cuadra 19 de la avenida Olavegoya, que estaba en desuso, se habilite para este proyecto que ayuda a las familias de provincias. Era común ver en los pasillos del Rebagliati carpas donde pernoctaban los padres provincianos porque no tenían dónde alojarse. Se honraba también la memoria del ciudadano italiano que había donado a EsSalud esta casa para que se use con fines sociales.

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En esta década, la casa Ronald McDonald de Jesús María ha atendido a más de 16,000 asegurados de EsSalud, la gran mayoría son pacientes del hospital Rebagliati. También ha recibido a familias que se atienden en el Instituto Nacional del Corazón (Incor), de otros hospitales de EsSalud y del Instituto de Salud del Niño de Breña.

Rossi explica que se planificó beneficiar anualmente a 7,200 usuarios al año, pero en el 2023 hubo más de 8,500. Subraya que todos los casos deben de ser derivados por el área de asistencia social de los hospitales, para un adecuado monitoreo.

Y para fines de mes se tendrá habilitado la sala multiusos, donde se desarrollarán los talleres de acompañamiento escolar, que les ofrece la organización Aprendo Contigo y los especialistas del Ministerio de Educación (Minedu) para que los niños que están en tratamiento no pierdan el año escolar. Y por las tardes, el espacio será usado para la rehabilitación física que tienen los menores en tratamiento, aprovechando que muchas terapias de rehabilitación física se han virtualizado.

Rossi recuerda que las dos “casas” en Lima son los primeros albergues piloto en el país donde hay educadores asignados por el Minedu, que hacen el acompañamiento sobre todo con un enfoque en los razonamientos matemático y verbal.

“Antes de la pandemia, los niños en tratamiento prácticamente perdían el año escolar. Para ellos la virtualización del proceso educativo ha sido positivo para el no retraso de su desarrollo académico. Cuando retornen a su ciudad, continuarán sus estudios de manera presencial”, dice.

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La asociación recibe el apoyo de un grupo de empresas. Rossi afirma que después de la pandemia se ha podido captar el apoyo social de más empresas.

Si a inicios del 2020 eran solo tres empresas aliadas, actualmente suman más de 40 firmas las que han comprendido que “el propósito de la institución es asegurar la continuidad del tratamiento médico y que este sea digno”. Además, valoran que se trabaje con el esquema de educación de calidad que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

“A nivel internacional, la organización Ronald McDonald es la tercera más grande que trabaja por la salud infantil; con el 80% de los principales hospitales de atención pediátrica del mundo. Entonces, en temas como el tratamiento oncológico pediátrico podemos traer a los mejores expertos en los cinco mejores hospitales del mundo a dar una charla porque tenemos esa capacidad de conexión”, subraya.

Una de las alianzas que impactan directamente en la continuidad de los tratamientos o cuidados paliativos es con Latam, que facilita 350 pasajes anuales para que los niños y sus familiares regresen a sus ciudades. Hoy en este albergue jesusmariano ha disminuido el promedio de estancia por tratamientos oncológicos o hematológicos, de 45 a 23 días, lo que les permite recibir al año a más familias.

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El directivo adelanta que a fines de año se iniciará la construcción del segundo piso del albergue casa Ronald McDonald ConJuntos, de Surco, ya tiene asegurado el 80% del financiamiento.

Y se avanza en los trámites para habilitar la tercera casa Ronald McDonald en Lima, que sería inaugurada en el 2025 y funcionaría en el INSN de San Borja. Y para el subsiguiente año (2026), planifican abrir la primera “sala familiar” en el Instituto Nacional Materno Perinatal, antes Maternidad de Lima.

Datos:

El 60 % de los usuarios del servicio de la sala de uso diurno también son de provincias.

También recibe alrededor de 150 casos de niños extranjeros en tratamiento oncológico.

En el 2023 pasó de 17 a 22 las habitaciones en Jesús María, ampliando la capacidad a 72 camas.

Los niños en tratamiento deben estar matriculados en un colegio de su localidad para que continúen el acompañamiento escolar.

Desde el 2020, la asociación lidera la lucha contra el cáncer infantil en el Perú.

Cifra:

30 mil familias benefició en sus dos locales hasta el 2023.