• VIERNES 20
  • de marzo de 2026

Opinión

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El triunfo patriota en Ayacucho

En su momento, nadie sabía de todas las “batallas” que vendrían después. Algunas las seguimos librando.


Editor
Dra. Elizabeth Hernández García

Historiadora. Profesora de la Universidad de Piura/Campus Lima


Ayacucho se convirtió en el símbolo del triunfo total y absoluto sobre los realistas, y lo continúa siendo 200 años después. No obstante, esta victoria militar no significó una alegría generalizada, puesto que quedaban temas por resolver. Por ejemplo, el Real Felipe del Callao, desde febrero de 1824, estaba en poder de los realistas. Las tropas que lo custodiaban entregaron el fuerte al enemigo luego de que no se les pagaran sus sueldos atrasados. Cuando cayó el Real Felipe también cayó Lima en manos realistas, y así se mantuvieron casi todo ese año.

Días antes de la batalla de Ayacucho, se sabía que Bolívar iba a recapturar la capital, con lo cual el miedo a las represalias que aquel podía tomar fue incrementándose. Los vecinos limeños protagonizaron una nueva y trágica huida al Callao en busca de navíos que los lleven lejos, y cuando no, intentando refugiarse en el Real Felipe. La resistencia en este fuerte culminó en enero de 1826, no sin antes haberse cobrado la vida de miles de personas, entre las que se contaron el segundo presidente de la República, José Bernardo de Tagle, y otros miembros de las élites peruanas. Esta resistencia, liderada por Rodil, fue dramática y simbólica a la vez. Ayacucho fue el final, pero hubo otras batallas que enfrentar.

Las provincias que habían estado en poder del virrey fueron proclamando sus independencias a partir de 1825, como por ejemplo Arequipa. La población en general se hallaba polarizada entre los que se alegraban del triunfo de “la patria” y los que resentían el tener que estar bajo el gobierno republicano. José Sebastián de Goyeneche, obispo de Arequipa, tardó tiempo en redactar una pastoral favorable a la independencia. Según Ernesto Rojas, Bolívar le instó a iniciar una “reeducación política” de la población, evidencia de que la actitud contraria a la independencia no era solo del obispo. Originario de esta misma ciudad, Pío Tristán y Moscoso fue elegido virrey interino por la Audiencia del Cusco, luego de que en la batalla de Ayacucho fuese herido La Serna. Tristán se manejó como virrey unas pocas semanas hasta tener noticia oficial de la capitulación de Ayacucho. Para algunos, adquirir convicción por la independencia no fue tarea fácil: era firmar una página en blanco.

A esta situación compleja hay que añadir una problemática más: Simón Bolívar. No obstante ser quien organizó la última resistencia, Bolívar era un problema político, como lo fue José de San Martín: de jefe militar auxiliar se convirtió en jefe de Estado, inclusive fue nombrado dictador por el Congreso peruano que le era afín. Si bien la documentación es clara al señalar que Bolívar nunca buscó una monarquía peruana ni ser coronado rey, la Constitución Vitalicia de 1826, redactada bajo su inspiración, lo colocaba como presidente a perpetuidad, con la potestad de elegir a su sucesor. Era una bomba de tiempo. Ante la salida de Bolívar (1826) hacia la Gran Colombia, y aprovechando el motín de las tropas grancolombianas en la capital, la clase política limeña se manifestó contra Bolívar (26 y 27 enero de 1827) y se organizó un nuevo congreso constituyente que eligió a José de la Mar como presidente de la República. En el semanario político El Revisor, hablando de Junín, Ayacucho, La Libertad y Arequipa, se comenta: “Más de ochocientos mil habitantes han declarado… su voluntad de no ser patrimonio de ningún hombre… lo que prueba… la violencia… con que se les compelió a adoptar instituciones que no eran de su agrado.” (https://fuenteshistoricasdelperu.com/2020/10/15/el-revisor-lima-1827/)

Este año, 2024, conmemorativo de los últimos enfrentamientos militares por la independencia, analicemos con detenimiento aquella época y a sus protagonistas, con la ventaja de que nos dan 200 años de historia. En su momento, nadie sabía de todas las “batallas” que vendrían después. Algunas las seguimos librando.