• MIÉRCOLES 10
  • de junio de 2026

Opinión

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DIÁLOGOS ACADÉMICOS

Sincretismo de la literatura peruana

En “Los heraldos negros”, César Vallejo logra la originalidad de ser más andino y a la vez universal.


Editor
Dr. Miguel Gerardo Inga Arias

Decano de la Facultad de Educación de la UNMSM


En nuestra cultura andina había una preeminencia lírica de fina sensibilidad, basada en la vida consagrada al trabajo en medio de paisajes naturales: “Partiré antes que tú / y con mis lágrimas / he de regar / el camino que has de pisar”(Harawi). Sus metáforas se refieren a la belleza de las aves, imponencia de los montes, color de la tierra y a la solidaridad humana “Que tu voz viva en el viento” (Haylli a Viracocha).

Posteriormente, cuando hacen su presencia los españoles capitaneados por Pizarro en estas tierras traían consigo los lastres de la cultura ibérica; en el terreno literario se va a expresar en coplas populares de corte picaresco y burlón, donde el egoísmo y el poco apego al trabajo eran su estandarte: “Almagro pide la paz / los Pizarro guerra; ellos todos morirán / y otro mandarán la tierra”.

Estas dos vertientes, estas dos concepciones de vida se van a fusionar con las siguientes connotaciones:  por el lado de la dominación española, el burlón, el que no trabaja el “vivo” y, por el otro lado, el sensible, el trabajador el “zonzo”.  Esas líneas que difieren, pero coexisten: Coplistas ? Juan del Valle y Caviedes ? Lazarillo ? Pardo y Aliaga ? Palma; por la otra vertiente: Amarilis ? Ollantay ? Mariano Melgar ? González Prada quien seguía el romanticismo de Salaverry, es sacudida por la guerra con Chile, que “no solo machacó nuestros huesos”, además nos demostró que nuestro país estaba enfermo “donde pongamos el dedo brotará el pus”. Esto será el detonante para que su oposición al hispanismo lo haga recurrir a otros horizontes literarios siendo un verdadero precursor del Modernismo.

Ricardo González Vigil afirma que Chocano, consciente de esta situación, se autoproclama como el Blasón no solo del Perú, sino de América y quiere fundar esa literatura con “sangre española” (discurso), e “incaico es el latido” (historia). Con González Prada y Chocano, posteriormente Eguren, ya podemos afirmar que nuestra literatura es cosmopolita, libre; pero que faltaba todavía la propuesta, la alternativa en carne y hueso.

Valdelomar lo entiende así y apuesta en su revista Colónida a una visión intimista que enfrentaba a quienes solo habían visto la envoltura del Modernismo y no su real contenido histórico, es decir, los arielistas: Ventura, por ejemplo. Él innova envolviendo su fina sensibilidad solidaria con el humor que alimenta, lamentablemente su prematura muerte lo privó de ser el verdadero fundador de la literatura nacional; sin embargo,  al leerlo, nos parece el símil de Vallejo “Y la alegría nadie me la supo enseñar” (Tristitia) “Cantarán las aves, las copas de los árboles / entonarán una balada; hasta el panteón llegará la alegría de mi alma / (Confiteor) “hoy, la Muerte parece que estuviera dormida, / hoy quisiera besar (La danza de las horas) Y si Juan Bautista cedió su paso a Cristo; Valdelomar lo hizo con Vallejo, quien se convirtió en nuestro Mesías literario, ese muchacho que vio la luz en un humilde pueblo de La Libertad, Santiago de Chuco (1892) “Un día, que Dios estuvo enfermo”, se nutrió del campo valorándolo la cultura andina.

En “Los heraldos negros” logra la originalidad de ser más andino y a la vez universal.  En Trilce aborda la desnudez gramatical, recuperando el origen del ser y del lenguaje. Y en “Poemas Humanos” y “España, aparta de mí este cáliz” (poemas póstumos) logra ese sentido nuevo por el cual prácticamente entregó la vida.  “Si no me llamara César Vallejo también sufriría este mismo dolor” (Voy a hablar de la esperanza).

El mensaje cristiano, los clásicos del Siglo de Oro español, de Whitman (versolibrista) los integra con el desarrollo andino de González Prada y, sobre todo, del lirismo de Valdelomar. Propugna al ser humano en toda su dimensionalidad semántica: amor, vida, liberación, justicia, igualdad y se levanta de la sensibilidad del corazón y sentimientos del pueblo y no como producto de la capacidad volitiva del intelectualismo.

Creo que en la actualidad debemos tener muy presente, como lo sostuvo nuestro poeta, que “hay hermanos, muchísimo que hacer”, que “todo acto o voz genial viene del pueblo / y va hacia él...” (Himno a los voluntarios de la República), que la nación peruana no quede como una posibilidad, sino como una realidad basada en el sentido que nos legó Vallejo.