• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

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Reflexiones

San Marcos: un laboratorio de ideas desde 1551


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


En San Marcos se entiende la diferencia como un estado natural. Por ello, como lo ha demostrado su historia, no está permitida ninguna forma autoritaria, única y vertical de concebir las cosas, aunque algunos mesiánicos lo han intentado, pero han fracasado. Es más, su fortaleza académica está en asumirse como una comunidad que disfruta con intensidad de su heterogeneidad y la defiende firmemente.

A la vez, es una oportunidad, para muchos jóvenes, de romper el círculo de inequidad social. Los que han accedido a estudiar, desde todas las zonas de Lima o de las regiones del país, han transformado sus vidas y ellos mismos han transformado la universidad. Su campus principal es un espacio de disfrute y pensamiento universitario. Incluso, a contracorriente de la tendencia de mercantilizar todo, proporciona en estos tiempos un comedor con miles de raciones diarias de desayuno y almuerzo gratuito para su población estudiantil. Además, de alojar, también gratuitamente, en sus habitaciones universitarias a cientos de jóvenes de provincias. Es decir, continúa siendo un modelo nacional de protección social y de educación pública responsable que resguarda y atiende parte de las necesidades básicas de quienes lo requieren para que puedan seguir estudiando. Eso solo sucede en San Marcos y es todavía un signo de su singularidad institucional.

Por ello, la sanmarquineidad es un legado cultural para el país. Es ya una hermosa categoría sociológica. Muchos de los sanmarquinos se reconocen por esa conciencia de valorar los aportes sociales y, sin dudarlo, han aprendido que el diálogo y la democracia son inherentes a toda búsqueda del bien común. San Marcos, incluso en sus etapas más oscuras, ha logrado defender la importancia de tener posiciones diversas y argumentadas, no ha cedido al miedo que crean las visiones déspotas. Por eso es un Perú condensado, incluso con sus vaivenes internos, pero con ese profundo e innegociable respeto por la educación. San Marcos ya no es solo una metáfora del país, sino una de sus mejores y más virtuosas formas.

Cuando en 1551 la fundan los dominicos, estaban realmente creando un laboratorio de ideas, una dimensión valiosa de libertad, un territorio de pensamiento y necesaria polémica. Por eso, cada año, cual ritual de conocimiento, desde su valiente comunidad universitaria, nos recuerda lo que somos, la inmensa y absoluta gratitud de lo que esta universidad resplandeciente, bella y compleja le ha dado a nuestro país, que ella misma también ha construido. San Marcos es esa preciosa promesa y posibilidad basadriana, una plaza de victorias.