En confianza
“Yo di el primer paso en obras para adultos en el café teatro, y me fue bien; luego mucha gente me siguió.”
La actriz nos reseña su trayectoria y su participación en Kontenedores, la puesta en escena de diversas obras de corta duración, en el puericultorio Pérez Araníbar.
–Teddy Guzmán es su nombre artístico. ¿De dónde surgió?
–Mi hermana Eddy y yo queríamos pertenecer al ambiente artístico, porque Nora, mi mamá, era actriz. Ella usaba el apellido Guzmán. Mi hermana Eddy era cantante criolla y grabó varios discos. Cuando hubo la posibilidad de entrar al medio artístico –Eddy y yo empujamos mucho a mi mamá para eso–, me pareció que debía tener un nombre cercano al de mi hermana, para aunque sea por error ser nombrada.
–¿Por qué usted y su hermana debieron insistir con su mamá para ser artistas?
–No quería que lo fuéramos porque ella sufrió mucho siéndolo. Tanto así que tuvo que viajar. Hizo su carrera en Centroamérica y regresó al Perú como una de las figuras de la compañía de Manuel de Sabatini. Allí empecé haciendo papeles chiquitos, de mucamas. Así empezó todo.
–Le hicieron un reconocimiento en el Congreso esta semana. ¿Qué le parece ese tipo de gestos?
–Me parece genial que lo hagan cuando una todavía puede ir a recoger los premios. No es tanto el diploma que a una le dan, sino el reconocimiento público, que incentiva a seguir en esta lucha; porque ser artista no es fácil. Implica, muchas veces, carencias.
–¿Ha pasado usted por etapas de carencias pronunciadas?
–He pasado por todas las etapas. Hubo épocas en las que no había trabajo.
–¿Pero podemos decir que se ha dado el lujo en el Perú de vivir siempre del arte?
–Siempre he vivido de esto, y no es que me haya dado el lujo. He tirado para adelante como sea, haciendo de todo un poco: café teatro, teatro; fui vedette también.
–¿Le faltó incursionar en algo?
–Ahora hago en Kontenedores una obra llamada Cómplices, que dura solo quince minutos. Es que Kontenedores es como arte a la carta, y Cómplices es una pieza de humor negro que hago con Crisol Carabal. Nos hemos dirigido las dos.
–¿Es algo nuevo para usted intervenir en la dirección?
–Totalmente, y me atreví a hacerlo porque es una cosa de pocos minutos. No tengo experiencia como directora ni pretendo dirigir una obra grande ni mucho menos.
–Para los actores teatrales aparecer en café teatro no era muy bien visto. ¿Le afectaba ese prejuicio?
–En lo absoluto. Siempre estoy muy segura de lo que hago. Vaya bien o no, lo critiquen o no, cuando emprendo algo lo hago con la seguridad de que lo hago bien. Y la única diferencia que encuentro entre el café teatro y un teatro es el tamaño del local, porque en el teatro, por más grande que sea el escenario, se puede presentar una porquería.
–Usted marcó una época cuando en café teatro hizo un desnudo.
–Pero no exploté lo del desnudo. Este cayó por su propio peso. Nunca se vio a una mujer caminando desnuda a plena luz. Se sabía que estaba desnuda, pero no se veía nada. Y El precio del amor fue escrita por Dalmiro Sáez, autor de 70 veces siete, que recibió el premio Casa de las Américas. No era cualquier cosa.
–Igual se trataba de algo osado para una Lima que empezaba a vivir en democracia. ¿Tuvo temor?
–Claro. Era la primera vez que hacía una obra de esa naturaleza y definitivamente tenía miedo; pero estaba segura de que podía resultar y lo hice. No es que me haya atrevido. Creo que las cosas suceden como tienen que suceder. En cada rubro o profesión, siempre hay uno que se atreve a dar un paso adelante.
–¿Los personajes de mujer sensual la han perseguido?
–Cada cosa tiene su etapa. Es que mi tipo no es precisamente para hacer de Cenicienta.
–Y menos a una monja…
–Sí he actuado como monja, en la serie Cholopower; pero en un 90% mis papeles han sido de mujeres audaces, por mi tipo. Si me llaman para un cuento, será para hacer de bruja, seguramente (ríe).
–¿Es consciente de ser un símbolo sexual? ¿Cómo sobrelleva eso?
–Al principio me daba un poco de miedo, pero ahora lo manejo mejor. Y, de alguna manera, son ustedes los periodistas y los hombres los que lo dicen; yo no.