Opinión
Periodista
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Este repaso a la trayectoria vital y artística de uno de los principales personajes –posiblemente el más trascendente– salido del rock peruano alternativo o subterráneo, se extiende desde el 4 de enero de 1961 (fecha del nacimiento del personaje biografiado) hasta 1995, cuando Leusemia, el grupo que fundó, se reúne e inicia una escalada que acercaría a esta banda y a su líder a esa masividad que siempre mereció y a la que varias veces rehuyó.
No es el propósito de este texto hacer las veces de autobombo o ‘publicherry’ de esta publicación de la editorial Contracultura, sino comentar lo necesario que resulta tener recuentos como este en un país como el nuestro, con altos niveles de ingratitud y desconocimiento de su propia cultura popular. Felizmente, ya son varios los trabajos bibliográficos hechos sobre personajes de esta índole. Libros sobre Pedro Suárez-Vértiz, Salim Vera y Alexis Korfiatis (voz de la banda 6 Voltios) pueden comprarse en librerías locales, si uno quiere saber algo más sobre el rock hecho en el Perú.
Abordar la vida y música de personajes como estos, conlleva siempre describir el entorno y los tiempos en los cuales se desarrolló su arte y se gestaron sus trabajos. El contexto siempre cambiante de un país cíclicamente inmerso en cambios estructurales y crisis sociopolíticas, de alguna manera influye en la obra de quienes están sumergidos en los círculos culturales, por más apolítica o neutral que resulte el contenido de su propuesta. Las condiciones de producción, distribución y difusión de discos y canciones dependen siempre de variables que, si bien resultan algo alejadas de la creación artística, finalmente condicionan el impacto y el alcance de estos productos.
En el caso del libro sobre el Daniel F, las referencias extramusicales (históricas y socioculturales) a las que, de manera natural e inevitable, los coautores hemos recurrido, son sorprendentemente diversas y numerosas. Repasamos, por ejemplo, las motivaciones detrás de la gestación arquitectónica de la Unidad Vecinal Nº 3, de Mirones, en la posguerra; los esfuerzos que en los años 80 el maoísmo terrorista hizo para constituirse en una fuerza omnipresente en la sociedad peruana, incluida la cultura, y, por supuesto, esa efímera etapa en la que el rock pareció ser un agente de cambio. Dentro del texto final estos datos cobran vida propia y ayudan a entender mejor tanto la inestabilidad y fragmentación que caracterizan a nuestra historia como la perseverancia e importancia de la obra del músico reseñado.