• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

Ser peruano es un desafío y un honor


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


El que se hayan ido, en los últimos años, más de un millón de compatriotas y sin boleto de regreso, ya debería preocuparnos. Hay una diáspora sostenida de quienes no quieren retornar por un largo tiempo o tal vez jamás.

Cuando parte de la población comienza a perder la fe en el futuro colectivo busca lugares nuevos y globales, en tanto tienen los recursos para sostenerse en sus nuevas patrias. Una suerte de exilio silencioso de peruanos desperdigados por el mundo se acrecienta. El Perú, para ellos, deja de ser una zona real y posible. Así, la realización personal y profesional ya no requiere de nuestro país. Aunque una fracción de la patria se quede en sus corazones, su futuro ya no se despliega aquí.

Hay quienes se quedan porque no hay otra opción. Resignados a permanecer, tantean las diversas formas de sobrevivir; sin embargo, apenas puedan, también se irán. El Perú les parece más un enredo intranquilo e ingobernable. Sin embargo, existen peruanos que, pudiendo salir, optan por quedarse y seguir apostando, a pesar de las turbulentas vicisitudes nacionales. Para ellos, nuestro país es todavía una posibilidad. Es verdad que cada vez son menos y el círculo de amor patriótico va disminuyendo.

Es que ese afecto no solo es retórico, casual o esporádico, sino también una forma de vida, una constante incorporación de pensamientos y prácticas que construyen, con esos detalles cívicos y éticos enlazados al Perú al que se aspira. Es que no solo es cantar el himno con falso fervor que, lamentablemente, algunos acostumbran, sino también de creer que la convivencia y tolerancia entre nosotros sea absolutamente factible y urgente. La esperanza no es una palabra vacía meramente ornamental, sino un resultado. Para evitar la tentación del optimismo exacerbado, se requiere una minuciosa y cotidiana conciencia de que la edificación de la patria anhelada es una cruzada diaria.

Ser peruano es un desafío y un honor. Un reto y un privilegio. Asumir que el milenario pasado es la raíz múltiple y una explicación de nuestra viabilidad, y no solo una nostalgia turística. Que nuestras diferencias y variaciones culturales son una oportunidad y una fortuna. Que esa emancipación bicentenaria que celebramos es, a la vez, una liberación espiritual. Que la nacionalidad es una bella contingencia y que es la profunda humanidad la que nos hermana. Cada 28 de julio recordemos que hemos nacido libres, fraternos e iguales, con un sueño compartido de rojo y blanco, con una patria para todos.