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  • de abril de 2026

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tres historias de servicio a la salud

Guardianes de los niños

Mañana se celebra el Día de la Enfermera Peruana, fecha propicia para destacar el loable trabajo de estos profesionales de la salud.

Aquí les contamos las historias de tres de estos profesionales de la salud: de la única enfermera especialista en la conducción, manejo y tratamiento de la circulación extracorpórea del paciente con alteraciones cardíacas; del primer jefe enfermero en su género; y de la licenciada más carismática del INSN, que quedó impactada con el diagnóstico y muerte de un niño del primer caso de VIH en menores reportado en el país. Ellos representan a los 685 licenciados en Enfermería del instituto que se entregan día a día a los pacientes pediátricos que este 30 de agosto conmemoran el Día de la Enfermera Peruana.

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El licenciado en Enfermería Richard Laopa Ureta, quien labora hace 12 años en el INSN, es el jefe de Enfermería del Servicio de Gastroenterología, el primero y único de su género en ocupar un cargo en el centro pediátrico. Asumió la jefatura en el 2020 durante la pandemia del covid-19, que para él fue un reto. “A mi jefa y colegas las enviaron a sus casas por ser adultas mayores y presentaban comorbilidad y me dieron el cargo. Fue un reto para mí y me ayudaron muchos mis colegas y jefas”, contó.

Laopa, natural de Ica, creció rodeado de profesionales de la salud. Se inspiró en su hermana mayor, que era enfermera y actualmente trabaja en Italia. Estudió la subespecialidad de Gastroenterología en la Universidad de Sao Paulo, en Brasil. “Si bien nos preparamos para atender a todo tipo de pacientes, al ingresar al INSN abracé muchísimo el ámbito de la Enfermería Pediátrica. Uno se hace o se vuelve niño para llegar a ellos (pacientes). Me llaman por mi nombre, me abrazan, son cariñosos. Se siente bonito. Te roban el corazón”, dijo.

En todo este tiempo en el INSN, el enfermero recuerda que el caso de una niña de un año lo marcó. La pequeña había sido desahuciada e incluso estaba en el programa de paliativos. En ese tiempo no había trasplante de hígado. “Por obra divina de Dios, la menor empezó a recuperarse poco a poco, se sanó. Yo creo que Dios tenía un propósito con esta niña”, sostuvo.

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La licenciada en Enfermería Maribel Vera Vílchez, jefa de Enfermería del Servicio de Medicina C, es una de las servidoras más conocidas del INSN por ser muy carismática y cariñosa, ya que levanta el ánimo al que está sumergido en una gran tristeza. Su alegría es contagiante. Tiene 34 años laborando en el centro pediátrico y 32 de ellos en el referido servicio. De muy joven, a los 27 años de edad, asumió la jefatura.

Su madre, que era técnica en enfermería, fue su inspiración. Vera viene de familias de profesionales de la salud y de comunicadores. Se opusieron a que estudiara la carrera y querían que ingresará en el mundo de las Ciencias de la Comunicación, pero ella persiguió su vocación.

Maribel Vera cuenta que deseaba trabajar en el hospital psiquiátrico Larco Herrera porque le fascinaba el estudio del comportamiento humano, pero ingresó como practicante en el INSN y ahora sostiene que “no cambiaría mi centro de labores por nada en el mundo, que los niños son mi mundo”.

La enfermera recuerda que el caso que la impactó a lo largo de su carrera es del niño Felipito en 1991. “Ingresó por una simple diarrea y poco a poco se fue deteriorando. Empezamos a hacer pruebas y pruebas, y finalmente el resultado dio para VIH. Era el primer caso reportado en menores en el país y empezamos a estudiar sobre ello. Lamentablemente, murió”.

La presencia de la jefa en los ambientes de su servicio, su sola voz, es sinónimo de vida. Le canta a los pequeños y les hace todo tipo de gestos para que sonrían, y a las madres les habla como si fueran sus amigas de siempre. La profesional de la salud, madre de dos hijos, afirma que “para ser enfermera hay que tener una gran corazón y vocación. Este mensaje va para las nuevas generaciones que aspiran a esta carrera”, dijo.

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La enfermera especialista en circulación extracorpórea para cirugía cardíaca, Bertha Peña Ramos (de 65 años), cumple una función vital en el centro pediátrico. Ella es la única que maneja la máquina corazón-pulmón o también llamada máquina de circulación extracorpórea, que sustituye a dichos órganos que son detenidos (dejan de funcionar) en una operación a corazón abierto.

“Soy la responsable de la circulación extracorpórea, que es la circulación del cuerpo que se hace a través de la máquina utilizando varios aditamentos para que sustituya la función del corazón y del pulmón, ya que el cirujano, para que pueda operar, primero necesita parar el corazón y así tener el campo operatorio libre de sangre y corregir el defecto. También se detiene la ventilación, porque al insuflar los pulmones no podría trabajar. Si no hay circulación en el cuerpo y tampoco respiración, el paciente va a sufrir mucho y se puede morir. Hay que saber manipular este equipo”, explica Peña.

Ella se especializó en Circulación Extracorpórea en la Universidad Federal de Sao Paulo, en Brasil. Labora hace 33 años en el INSN. Tiene dos hijos profesionales.

La especialista nos afirma que es feliz haciendo su trabajo y lo único que le pide a sus colegas es que “siempre piensen que el niño que está en una cama o en una mesa quirúrgica es lo más indefenso que hay. El menor no se va a defender, somos nosotros los que tenemos que cuidarlo”.