• DOMINGO 15
  • de marzo de 2026

Opinión

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reflexiones

Ganar primero, luchar después


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


Fue un triunfo militar en toda la regla porque el Perú logró el objetivo estratégico de cautelar su integridad territorial y terminar con los constantes enfrentamientos fratricidas con el vecino país.

Esta es una verdad inobjetable que se erige por sobre la opinión de algunos sectores minoritarios que aluden a una supuesta derrota basándose, por ejemplo, en la cantidad de aeronaves peruanas que fueron derribadas en el fragor de la lucha. Al respecto, cabe precisar que una guerra no la gana el bando que más aviones derriba, el que destruye más tanques o el que hunde más barcos. La victoria se obtiene al conseguir los objetivos estratégicos y el Perú, pese a los innumerables problemas y a la desventaja en varios aspectos militares, lo logró.

Es cierto que durante esa guerra focalizada las fuerzas peruanas pasaron por momentos complicados, causados principalmente por la falta de equipamiento apropiado para la guerra moderna. El estado de nuestra aviación de combate en aquella época es paradigmático. Se conoce por testimonio de los propios pilotos que participaron en los ataques a las posiciones ecuatorianas que los aviones Sukhoi-22 usados para ese propósito carecían de misiles y de radares. El ahora general en retiro de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) Fernando Ordóñez, quien lideró las exitosas misiones los días 7, 8 y 9 de febrero de 1995, contó al canal de Youtube “Cenepa, de la emboscada al acuerdo de paz” que los bombardeos sobre Coangos y Tiwintza, entre otros puntos, se llevaron a cabo con esas limitaciones, lo cual obligaba a los pilotos durante las incursiones a escudriñar el horizonte usando solamente sus ojos para estar listos ante la eventual aparición de interceptores enemigos. Es decir, mientras los Kfir ecuatorianos tenían radares con capacidad para detectar a otras aeronaves, los Sukhoi-22 peruanos contaban como instrumento de detección solo con el ojo de los pilotos. Increíble.

Y aun en esas condiciones de manifiesta desventaja, la FAP presentó batalla y fue un arma decisiva para la victoria.

El trigésimo aniversario de las operaciones militares en la Cordillera del Cóndor es una ocasión propicia para rendir homenaje a este esfuerzo sin precedentes en nuestra historia. No obstante, será también una oportunidad inmejorable para recalcar la necesidad de tomar decisiones políticas acertadas que fortalezcan la capacidad disuasiva del Perú en un contexto regional y mundial volátil. Como escribió Sun Tzu hace 2,500 años, un ejército victorioso gana primero y entabla batalla después, mientras que un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después.