Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • MARTES 27
  • de octubre de 2026

Opinión

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Reflexiones

Lima


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Siempre ha sido una zona de encuentro multicultural. Alimentada tanto de sus comunidades originarias como de los importantes flujos migratorios de varias nacionalidades que la han transformado. En ese crisol de multiplicidades es que han hecho de Lima un gran campo de acción de resiliencia y posibilidad. Son las personas y sus aspiraciones que a diario convierten a estas zonas en espacios de interlocución y resistencia cultural. Nadie puede apropiarse de un perfil único de lo limeño. La construyen esa maravillosa composición étnica y cultural de todos sus distritos. Se baila tanto huaino como salsa. Una bachata cadenciosa y una chicha refulgente suena con naturalidad. Un bullicioso paisaje sonoro, gastronómico, de tonos de habla, es de una seducción cotidiana, un privilegio que estemos fusionados de tanta diversidad.

Claro, a la vez, continúan sus desafiantes posibilidades de mejora que van desde la infraestructura hasta los comportamientos cívicos. Los liderazgos locales no han respondido a la oportunidad que suponen las urbes multiculturales. Esa incertidumbre de la ruta futura de la metrópoli hace que se reiteren los vaivenes en la toma de decisiones. El vecindario aprecia todos los esfuerzos que puedan hacerse por mejorar la calidad de vida. La dignidad de vivir significa el acceso a los servicios básicos, entre ellos, la de seguridad urbana y de libertad y orden para los emprendimientos. Una calle pavimentada, un parque creado e instalado, agua potable en los lugares que lo necesitan, son realmente transformadores a niveles esenciales.

Así, cada día, millones de limeños inician su propia y retadora aventura. En este cielo de gris permanente conviven un sinnúmero de historias. En su inmensa geografía en la que hay cerros que reivindican propuestas artísticas, valles que preconizan dominicalmente sus orígenes, espacios urbanizados cual celebratorios turísticos, quebradas como últimos refugios, miradores de esperanza, parques zonales que invitan a la felicidad familiar, microclimas que revelan también nuestra precariedad, moran personas, nuestros vecinos, que siguen creyendo que merecen la prosperidad compartida, en la que nos miremos como iguales, solidarios, afectuosos, proyectando respeto y asumiendo la vida democrática como la mejor forma de convivencia.