Opinión
Periodista
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Es el caso de Jean Paul Medroa, cantautor que en su disco Xibolopavo desplegó con sensibilidad y naturalidad las influencias del indie rock, el bedroom pop y lo lo-fi en canciones rotundas sobre vivencias y emociones inherentes a su generación. Emocionales también, pero abordadas desde perspectivas emocionales y estéticas que denotan madurez, fueron las canciones que La Zorra Zapata reunió en Quema o ilumina, álbum que traslada al oyente el que parece ser el mundo interno de su autora, configurado por parajes en los que calma y emotividad intensa predominan; a veces juntas y revueltas.
Un derrotero sonoro análogo al de Zapata es el seguido desde Lima la Gris, el debut solista de Mateo Ledgard, exintegrante de la banda de reggae para adolescentes Temple Sour, que contiene una decena de piezas musicales construidas sobre minimalismo y emotividad. Diferente a los casos anteriores por su aproximación a lo urbano y el pop electrónico, pero igual de notable por el cuidado de sus composiciones y de su producción sonora, resultó Ángel Joven, el segundo álbum de Skillbea, talento emergido del distrito capitalino de San Juan de Lurigancho.
En el 2024 algunas bandas locales apostaron –con buena fortuna– por estéticas sonoras determinadas. Es el caso de Solenoide, y su álbum del mismo nombre, cuyas canciones nos retrotraen a la época auroral del shoegaze, el dream pop y la neopsicodelia; estilos importados de Inglaterra que refrescaron al rock en los primeros años de la década de 1990. El grupo arequipeño Club de los Poetas Muertos, por su parte, expuso su habilidad para estructurar canciones de raigambre ‘modern rock’ redondas y románticas en su disco Primavera en el hogar, no hay nada y sin embargo hay de todo. Más difícil de clasificar, por su eclecticismo y los singulares universos y relatos plasmados en sus temas, resultó el muy interesante Y la chica de pronto flotó, de Los Pinglos, grupo en el que participó el recordado Joni Chiappe.
La edición de discos físicos y virtuales en el 2024 también comprendió grabaciones en directo, destinadas a reflejar el momento actual de sus autores y reediciones de material sonoro casi perdido. En el primer rubro destaca, por su mezcla de ruidismo, rítmica roquera y su uso pesadillesco del sampleo y la electrónica, Fijando el estallido: en vivo en el Festival Sarcófago, del grupo Fukuyama. En el segundo ámbito resalta el rescate en CD del casete Estados de Ánimo (1994), de la banda Ácidos Acme, eslabón perdido dentro de la historia de la vertiente más psicodélica y áspera del rock independiente limeño.