Opinión
Comunicadora social y escritora
También empiezan a llegar las facturas por pagar de todo lo que nos endeudamos en diciembre e incluso hay un lunes que se ha decretado como el día más triste del año; sin embargo, ahora creo que cada momento tiene su encanto y los días, a pesar de que algunos son pesados o se sienten muy largos, he elegido vivirlos agradeciendo por tener vida. Estoy convencida de que cada mañana es el inicio de una nueva oportunidad; a veces, cuando voy atrasada y empiezo a acelerar, recuerdo que prefiero llegar tarde a mis compromisos antes que temprano a la muerte.
De esta manera, este año me ha tomado respirando despacio. Haciendo las cosas con calma, saboreando colores y respirando sabores, he descubierto que no tengo prisa por llegar al final del día; incluso, creo que quisiera más horas, pero no para bucear en una computadora trabajando o calificando, sino más bien para pasear por lugares nuevos, con mi gente amada o visitar lugares de siempre y verlos diferente. Me he propuesto ver más a menudo a mis amigas, a quienes he mantenido lejos por mi espíritu ermitaño que empeora con los años, pero también extraño reírme con ellas. Estoy convencida de que en la energía femenina hay una fuerza que genera bienestar para quienes eligen reunirse y compartir ese cariño que viene de la amistad.
También, durante este mes hice una parada estratégica en la casa de mis padres buscando guía y consejo. Me gusta mantener la tradición de los pueblos antiguos de consultar a los mayores las decisiones pendientes y las dudas que nos agobian. La sabiduría que viene en las canas no tiene parangón y la familia es el lugar seguro donde creo y confío en los consejos que recibo. Me gusta el baño de humildad que significa callar y escuchar a los mayores, recibir su sabiduría como un manto que me cubre y calienta mi corazón, iluminando mis ideas, que a veces pueden ser confusas.
Por tanto, este mes por primera vez no se me ha hecho largo ni tedioso, al contrario, estoy con esperanza en el porvenir. Desconozco cómo irá desarrollándose este año, pero quiero mantener mi buen ánimo. Me ha costado muchas lágrimas, pero hace algunos años atrás aprendí a soltar lo que no es para mí, dejar de tenerle fastidio a gente que no vale la pena y especialmente, aprendí a reconocer aquello que merezco y no me conformo con menos. La vida es más bonita cuando uno tiene clara la película.
Finalmente, agradezco por el aprendizaje de este comienzo de año, por las personas que me acompañan, por lo bueno que llega y lo malo que se aleja; corolario, hago mía las palabras de Albert Camus: “En la profundidad del invierno aprendí que en mi interior hay un verano invencible”.