• JUEVES 12
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

El poder de las palabras


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Por ello, cuando establecemos nuestros vínculos, el cuidado esencial de lo que decimos o escribimos, debe ser concebido como inherente a toda comunicación. Cualquier descuido, además de inapropiado, puede ocasionar una interpretación sísmica, incluso dolorosa. Las oraciones han sido usadas como armas de propaganda y contienen un espíritu bélico como parte de una estrategia mayor y no necesariamente visible. De ese modo, suelen tener un efecto multidimensional. Funcionan tanto como arengas patrióticas y apologéticos estimulantes. Las variantes son múltiples. Eso ratifica que contienen una influencia extraordinaria.

Conforme lo uses, es posible incluso modificar la percepción que se tiene de las cosas. Como recurso cotidiano está insertado en nuestra propia condición humana que es definitoria de lo que somos. Su influjo es permanente, su jurisdicción simbólica es preponderante. Las palabras pesan, alteran el discernimiento. Por eso hay que cuidar muchísimo de cómo las decimos. Si somos conscientes de lo que puede ocasionar en un prójimo tal vez comprendamos mejor su omnipotencia y el grado de poder que ejerce.

Y lo que decimos es una proyección de lo que somos. Resalta nuestra perspectiva de las cosas. La validez del antiguo apotegma de que podemos ser esclavos de nuestras palabras, funciona totalmente incluso ahora. En un mundo desopilante, abundante en mentiras, distorsiones y ataques, es necesario aquilatar el valor superlativo, fundamental, de las palabras. Hay retomarle su profunda significancia y la grandeza turbadora de su uso. Cuida, entonces, lo que expresas.

En ese reencuentro con su poder terapéutico, en el reconocimiento de su horizonte impactante en las vidas, es que podemos agudizar el significado y estar absolutamente reflexivos de su huella posible en los otros. Y también están las palabras que nos decimos nosotros mismos. Esas con las cuales nos juzgamos. A veces con exceso e injusticia. Incluso, con dureza inusitada. Ello nos inmoviliza en el perdón y la compasión sobre nuestras acciones a ser corregidas. Ten cuidado con las palabras que utilices para cuestionarte. Siempre será impresionante saber que nuestro juicio puede ser modificado por las frases que empleemos. Hay que regresar a la sacralidad de las palabras, a su poderío poético, a su raíz de transformación y de puente entre nosotros, a la afirmación maravillosa de nuestra humanidad.