• DOMINGO 8
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
APUNTES

Hallazgos bajo el sol de Caral y Chupacigarro


Editor
Fidel Gutiérrez

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe


Estas, sin duda, permitirán ampliar las lecturas e interpretaciones sobre la importancia e influencia que este avanzado grupo humano puede haber tenido para el desarrollo de las diversas culturas que posteriormente tuvieron como escenario de su devenir lo que ahora es el Perú.

La labor periodística nos llevó a encontrarnos con algunos de los responsables de estos hallazgos, y a entender la importancia de preservar un sitio arqueológico cuya historia, estructura y características pueden ayudarnos a entender mejor hacia donde debemos encaminarnos. Basta pensar en que la civilización Caral se desarrolló durante aproximadamente mil años y –todos los indicios apuntan hacia ello– sin mayores confrontaciones internas o externas. Dicha percepción deriva del hecho de no haberse encontrado en sus estructuras arquitectónicas elementos defensivos u ofensivos. La agricultura y el comercio podrían haber sido los motores que hicieron avanzar a sus residentes durante todo ese tiempo.

Las hipótesis fluyen, pero no abordan aún con solidez las razones de la desaparición de esta civilización. De allí la importancia de continuar impulsando investigaciones como las que han llevado a descubrir estructuras monumentales en la zona conocida como Chupacigarro; construcciones basadas mayormente en piedra, que se encontraban literalmente enterradas debajo de sembríos de guarango y palto. Los arqueólogos calculan –por el tipo de piedra utilizado (canto rodado y pequeñas rocas)– que estos vestigios datarían del período tardío de la civilización Caral (1800 a. C.), y también encuentran posibles similitudes entre su estructura y la de edificaciones encontradas en Vichama, sitio arqueológico ubicado en Huaura, que tuvo un desarrollo cronológicamente posterior. Con alcances como estos, la continuidad propia de toda historia empieza a vislumbrarse y podría llevar a encontrar algún eslabón perdido, así como a rastrear la influencia que una civilización de esta talla pudo haber tenido.

En Caral hay un vasto camino por recorrer en lo que a investigación arqueológica concierne. También es largo el camino para consolidar a este importantísimo sitio como un atractivo turístico potente. Implementar mejores vías de acceso y métodos de traslado para los visitantes, en los que lo que prime sea la comodidad y no la aventura, sería un buen paso, además de contar con la infraestructura necesaria para el desafío que representa conservar delicados vestigios del pasado amenazados por el viento y la arena.