Opinión
Desde la perspectiva del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), el 2024 ha sido especialmente duro para el periodismo en la región, marcado por un aumento en el acoso y la represión. México sigue siendo el país más violento para los periodistas en Latinoamérica. Artículo 19, organización internacional que promueve la libertad de expresión y el acceso a la información, ha documentado cuatro asesinatos de periodistas hasta noviembre, lo que da un total de 168 desde el 2000, según los reportes de dicha entidad.
La CPJ también ha denunciado las condiciones críticas para el ejercicio del periodismo en Cuba, Nicaragua y Venezuela.
La situación en Nicaragua es particularmente alarmante. La Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED) describe a ese país como un “desierto informativo”, donde la prensa escrita ha sido erradicada y en 10 de los 15 departamentos no existe periodismo independiente debido al hostigamiento. En los cinco departamentos donde aún se practica, los profesionales enfrentan asedio constante y amenazas, lo que les obliga a trabajar de manera clandestina. Esta labor ha sido calificada como “periodismo de catacumbas”, ya que los periodistas deben ocultarse para evitar ser identificados.
Es fundamental reconocer que la falta de libertad de prensa no solo genera un costo social, sino también económico. James Wolfensohn, expresidente del Banco Mundial, afirmaba que “para reducir la pobreza se necesita mucha información y de mucha calidad porque empodera a la gente y cuando la gente está empoderada, se pueden tomar mejores decisiones”. Además, un informe de Freedom House indica que cada disminución en la libertad de prensa se correlaciona con un aumento en la corrupción, lo que puede costar a las economías nacionales miles de millones.
La ausencia de un periodismo libre no es solo un problema profesional, es un atentado contra el derecho de los ciudadanos a informarse y participar en la vida democrática. La prensa desempeña un papel esencial: fiscaliza al poder, expone abusos e informa sobre decisiones que afectan a la ciudadanía.
Ejercer el periodismo con libertad es crucial para garantizar que la verdad no sea monopolizada por el crimen y que la ciudadanía pueda tomar decisiones informadas. Sin una prensa libre, no existe una democracia real, solo una fachada que oculta abusos y perpetúa la impunidad.