Opinión
Periodista
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Los esfuerzos y trayectorias de María Jesús Alvarado y Zoila Aurora Cáceres, pioneras en liderar el feminismo en el Perú, dan luces para comprender que, de manera inequívoca, era necesario plantear cambios normativos destinados a reconocer los derechos naturales de las mujeres. Estas, durante la primera mitad del siglo XX, continuaban siendo relegadas en el ejercicio de derechos que los varones sí tenían plenamente instaurados.
No se trataba solamente de exigir el derecho a ejercer la ciudadanía y a votar en las elecciones, sino también el de –dentro del matrimonio– poder ejercer la patria potestad sobre sus hijos y manejar sus bienes y ganancias. Esto –hoy parece mentira– era facultad reconocida únicamente al hombre. El esfuerzo hecho por las primeras feministas peruanas, por medio de organizaciones colectivas como Evolución Femenina (fundada por Alvarado en 1914) y Feminismo Peruano (iniciada por Cáceres en 1924) puso sobre el tapete y en el debate político y académico, la necesidad de las mujeres de asumir un papel protagónico en la vida del país, dejando atrás esa marginación que en otros puntos del orbe venía siendo superada.
Ahora que está fresca la conmemoración del Día de la Mujer, algunos connotados representantes de la política local deberían darse un tiempo para revisar esa historia, desarrollada en épocas de cambio y agitación social en el Perú. El detalladísimo libro Historia del Colectivo Feminismo Peruano (1924 – 1956) de la historiadora Sofía Pachas Maceda, es una lectura que podría contribuir a tener más claro este tema y así evitar que se lancen frases bochornosamente insensatas.
Publicadoo a fines del año pasado por Heraldos Editores, este trabajo revisa principalmente los esfuerzos de Cáceres –hija de Andrés Avelino Cáceres, el ‘Brujo de los Andes’– para, desde el colectivo que fundó, abogar desde diversos frentes (el jurídico, el educativo y el asistencial) a favor de la reivindicación de la mujer. La autora destaca tanto las luces como las sombras de ese afán y explica didácticamente las motivaciones de Cáceres a favor de un feminismo adscrito a la clase media y el catolicismo; rasgos que diferían de aquel que propugnaba Alvarado, orientado a lo popular y expresamente laico. Lectura obligatoria para los días actuales y para los venideros.