• DOMINGO 15
  • de marzo de 2026

Opinión

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Celebración del referéndum en Crimea

A favor de la incorporación a Rusia en la República de Crimea votó el 96.77% de los votantes.


Editor
Igor Romanchenko

Embajador de Rusia en el Perú


 

Aquel día, los habitantes de Crimea, de manera autónoma, consciente y libre, hicieron su elección a favor de un futuro seguro para sí y para sus hijos. A favor de la incorporación a Rusia en la República de Crimea votó el 96.77% de los votantes y en la ciudad de Sebastópol, el 95.6%. Fue una decisión justa y largamente esperada tanto para los habitantes de la provincia como para todos los ciudadanos de nuestro país.

Durante estos 11 años, nuestros enemigos hicieron no pocos intentos de castigar a los habitantes de la península por su elección libre de regresar a su Patria histórica. Crimea aguantó bloqueo en las esferas de abastecimiento de agua, energía eléctrica, alimentos, transporte y logística, puesto que no se les permitía tramitar los documentos, para desplazarse por una serie de países, sobre todo, los miembros de la OTAN, ni siquiera para participar en conferencias internacionales, donde eran abordados aspectos de su propia vida. Tampoco se les permitían los desplazamientos con otros fines, por ejemplo, humanitarios. Fue discriminación por motivos etnoculturales, nacionales, geográficos y civiles. Aguantaron además una verdadera agresión jurídica desatada por el régimen kievita con el apoyo de los países occidentales.

Acabó en un estridente fracaso la campaña propagandística lanzada en los medios occidentales y en los organismos internacionales. Crimea fue caracterizada como “península del miedo”, donde supuestamente se estaba “discriminando” a los tártaros de Crimea y a los ucranianos. Y eso que los habitantes de esta región por fin recibieron derechos y libertades jurídicamente legalizados, también los relacionados con su nacionalidad. Por primera vez en varias décadas eso fue hecho precisamente por nuestro país.

Es bien conocido que a la península y sus habitantes en el período entre 1992 y 2014 las autoridades ucranianas lo que se dice “les enviaban las sobras”. Durante este período casi no se desarrolló la economía y fue degradando el estado de las infraestructuras. La esfera humanitaria fue sometida a una total ucranización que no era sino una completa discriminación, cuyo objetivo era nivelar la Historia y la cultura de los habitantes de Crimea. Eran más que motivo de orgullo, era la esencia misma de su vida.

Recordemos el estado en el cual Crimea se reunificó con nuestro país. La gente que visitó esta provincia después del referéndum no se dejaba de hacer la pregunta de cómo pudo haber acabado aquella joya del turismo internacional en un estado tan lamentable. ¿Por qué había sido abandonada por el país que durante tantos años la había llamado su territorio?

En cuanto a la población rusa y rusoparlante, no fue sometida a una mera persecución, se trató de una verdadera discriminación. Todo lo ruso, en el sentido histórico y cultural de esta palabra, fue erradicado con insistencia en la península, así como en la memoria y la conciencia de las personas que durante generaciones se habían identificado con los rusos.

Después de la reunificación de Crimea y la Federación de Rusia, la situación mejoró considerablemente. Se sometió a una reconstrucción fundamental el sistema de transporte y las infraestructuras de ingeniería. En el 2018 fue inaugurado el Puente de Crimea, un proyecto único y el símbolo más llamativo de la reunificación. Fue construido el nuevo aeropuerto Aivazovski y la moderna autovía Táuride. Fueron puestas en funcionamiento las centrales termoeléctricas Balaklavski (ciudad de Sebastópol), Tavricheski (barrio Simferópolski), Sakski. Se está llevado a cabo una grandiosa obra de construcción de gasoductos: casi todos los meses es conectado al sistema de abastecimiento de gas una nueva localidad. Está cobrando ritmo la construcción de viviendas y de instalaciones sociales, en concreto, las deportivas. Se está desarrollando la agricultura, la vinicultura, el turismo. Precisamente, estos factores están provocando una ira tremenda del régimen kievita y de sus patronos, lo que se plasma en interminables actos de agresión.

El 31 de enero del 2024, el principal organismo judicial de la ONU, la Corte Internacional, en una sentencia declinó casi todas las demandas presentadas por Ucrania y reconoció que la política de Rusia corresponde con todos los compromisos asumidos en el marco de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. A esta importantísima conclusión la Corte pudo llegar, entre otros aspectos, gracias al hecho de haber presentado la parte rusa una exhaustiva información sobre las medidas encaminadas a garantizar la variedad nacional y cultural en Crimea. Así, en el 2017, en Simferópol, en la zona poblada por los tártaros de Crimea, fue inaugurado el colegio que es llamado con ironía “el colegio de cuatro presidentes de Ucrania”. La obra llevó más de 20 años sin concluirse, turnándose en el poder 4 jefes de Estado. Incluso en estos momentos, en Crimea se está llevando a cabo un intenso proceso de restauración de los monumentos de arquitectura y de sitios sagrados abandonados por las autoridades ucranianas. Hay medios de comunicación que emiten en ucraniano y en tártaro de Crimea.

La información facilitada por Rusia fue convincente al máximo y desmintió las noticias falsas capaces de influir en la decisión de la Corte Internacional que habían sido promovidas también por los medios occidentales.

Se puede decir con toda seguridad que los insensatos intentos de los enemigos de Rusia de disputar el estatus de Crimea lo único que lograron es convencerles a los habitantes de la península todavía más de haber tomado la decisión correcta.