Opinión
Periodista
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Episodios como esos son los que subsisten y golpean la memoria una vez concluida la lectura del libro Sendero Luminoso para Dummies, del periodista Aldo Vela Carrillo. En él se describe con verbo directo, y sin ornamentos, distintos aspectos de la historia y el accionar de esta organización política-criminal.
Al ser una recopilación de artículos previamente publicados en una página web (hoy desaparecida), la disposición de estos y el orden en el que son presentados pueden parecer arbitrarios. Pero, finalmente, lo que pesa aquí es el caudal de la información reunida; enfocada desde la perspectiva de la crítica y la condena, y sustentada en citas y cifras documentadas en fuentes identificables, como demanda el ejercicio del buen periodismo.
Desde dichas premisas, está claro que en este libro no se busca analizar las causas que habrían llevado a Abimael Guzmán y a sus secuaces a desatar ese baño de sangre que barnizaron como “lucha armada”, sino dejar constancia de sus irracionales excesos y contradicciones. Algunas de ellas –desliza el autor– posiblemente motivadas en desventajosas situaciones familiares y personales de sus pasados: la materia prima de la que están hechos los monstruos.
Y es que la monstruosidad está presente en episodios como los de las masacres de Lucanamarca –en la que se asesinó a 69 personas, entre ellas 20 menores de edad, algunos recién nacidos– y Soras, en donde Sendero victimó a 109 comuneros, incluidos niños y ancianos. A estas y a otras muestras de crueldad y abuso se añade el (no hay otra palabra para definirlo) encono de los senderistas hacia los animales, manifestado en el sacrificio inentendible de 35,000 bovinos en Puno y el envenenamiento de una piscigranja en Junín, además del degollamiento de perros con el que este grupo terrorista se dio a conocer en las calles de Lima, en 1980. El recuento de Vela revela que las alpacas fueron objeto preferente de esta crueldad: Dos mil de ellas fueron incineradas en Puno, y en Huancavelica, durante los años del terror, se degolló a 80 de ellas, 500 murieron a punta de balazos y varios miles quedaron decapitadas.
Quizás el mayor mérito de este libro resida en delinear con trazo grueso escenarios tan sangrientos como esos, alejándose de interpretaciones y veladas justificaciones.