Opinión
Director ejecutivo de CultiVida
A nivel mundial, los productos agrícolas peruanos llegan a más de 120 mercados. Según Midagri, los principales destinos, después de EE. UU., son Países Bajos, España, Reino Unido, Chile, México, Ecuador, Alemania, China y Canadá, que en conjunto representan el 77.1% del valor total exportado. Esta diversificación es una fortaleza clave para mitigar los impactos de posibles medidas proteccionistas.
Sin embargo, la agricultura peruana enfrenta grandes desafíos. El cambio climático afecta las condiciones de vida de agricultores, ganaderos y comunidades dependientes de los bosques, incrementando la vulnerabilidad y la inseguridad alimentaria. En este contexto es fundamental estar preparados para los posibles cambios en las reglas del comercio internacional.
Si EE. UU. impusiera aranceles a todos los productos importados, el Perú tendría que competir en igualdad de condiciones con otros exportadores globales. No obstante, la calidad de nuestras frutas ya ha sido reconocida en el mercado estadounidense y en otros países, lo que nos da una ventaja competitiva. Además, en el comercio de alimentos, siempre existe una demanda por cubrir.
Es importante comprender que no todos los países producen los mismos productos al mismo tiempo. La estacionalidad de cultivos como la uva de mesa y el mango está determinada por el hemisferio en el que se cultivan. Esto significa que, en muchos casos, las ventanas de producción no generan competencia directa, sino que se complementan.
Creemos en el libre mercado y en el diálogo abierto como vía para lograr acuerdos beneficiosos para ambas partes. La relación comercial entre el Perú y EE. UU. ha sido históricamente positiva, y confiamos en que se alcanzarán entendimientos favorables. Como dijo John Wooden: “Cuando llega la oportunidad, es demasiado tarde para prepararse”. El momento de actuar es ahora.