Opinión
Periodista
fgutierrez@editoraperu.com.pe
Al escapar la mayoría de las contribuciones a este libro del formato del recuento histórico que suele caracterizar a las publicaciones sobre este tema, Sube el volumen se erige como un esfuerzo pionero. La diversidad de voces que resuenan en sus páginas, y los ámbitos y estéticas abordadas en ellas, aportan un pluralismo que lo distinguen de Pank y Revolución (2017), libro en el que el estadounidense Shane Greene, amparándose en la antropología, la sociología y el marxismo, buscaba evidenciar la impronta del clasismo en el rock ‘subterráneo’ limeño.
Por su naturaleza y formato, Sube el volumen resulta más plural que ese trabajo. Este rasgo representa una veta editorial que, de ser afinada y perfeccionada, podría ayudar a echar más luces sobre el devenir de un género musical cuya persistencia en un medio como el peruano resulta inusual y sobre el cual se requieren interpretaciones objetivas en la medida de lo posible, que aborden a la música como leitmotiv antes que como complemento.
Ese enfoque es enaltecido en los textos de este libro referidos, respectivamente, al punk melódico o ‘chikipunk’, y a la descripción de los circuitos musicales independientes entre 1990 y la actualidad. Por su carácter testimonial, estas aproximaciones permiten al lector –el beneficiario final y más importante de todo trabajo bibliográfico– hacerse una idea bastante completa respecto a los escenarios y movimientos colectivos descritos, pero también a la estética y propuestas musicales que motivaban estos. Escritos desde la perspectiva del fan, en el caso del ‘Chikipunk’, y del fan/músico/gestor/ en el segundo caso, estos textos permiten identificar a lo musical, lo estético y a lo que se decía en las canciones como puntos de apoyo de un andamiaje sobre el cual operaban gestores, difusores y, sobre todo, músicos.
Las voces de estos últimos no son tan perceptibles en el artículo sobre la influencia de la cumbia en el rock peruano. Esta minimización (aparentemente involuntaria), así como la vastedad del artículo y su afán por describir con meticulosidad contextos y coyunturas, distancian al lector de las motivaciones de los artistas por reflejar en su música la impronta cumbiera; tema que parecía ser el principal del texto.
Finalmente, los artículos sobre la escena roquera del distrito limeño de El Agustino y el rock ‘subterráneo’ resultan ser visiones panorámicas angostas cuya cabal comprensión requerirá que el lector disponga de un conocimiento previo de la música que animó a esas escenas.