• VIERNES 6
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
REFLEXIONES

Paredes


Editor
Verónica Coello Moreira

Comunicadora social y escritora


Recuerdo la primera vez que enfrenté el tema. Quería sacar unos cuadros y poner otros, deseaba renovar el ambiente, pero era necesario sacar clavos y cambiarlos por otros. Debía pagarle a un experto y no tenía dinero, así que fui a una ferretería y pregunté exactamente cómo debía hacerlo y cuáles eran los materiales para ello, después, llamé a mi papá y él me dio todas las indicaciones necesarias. Claro que primero me preguntó si prefería que vaya él a solucionarlo, pero yo estaba recién divorciada y sentí que era parte de mi proceso, aprender a arreglar las heridas de las paredes, tanto como las de mi corazón.

De esa manera empecé el arte de aprender a sacar clavos de una manera eficiente, usar el empaste en las cantidades adecuadas para tapar los huecos, después lijar prolijamente sin dejar nada en altorrelieve para luego, pintar, y cada vez que estoy en la labor analizo mi vida como esa pared que reparo. Hay heridas que todavía, si agudizo mi mirada, puedo reconocerlas, otras que el tiempo ha ido pintando y ya no se notan. Sin embargo, me hace gracia cuando dicen que un clavo saca a otro, pues yo arranco el clavo con la parte opuesta del martillo, le pongo empaste, lo lijo, le paso pintura y clavo otro en un lugar distinto. Un nuevo comienzo siempre es mejor que seguir intentando en un lugar donde ya no funcionan las cosas.

En consecuencia, es importante estar alerta con la vida que tenemos y si nos gustan las paredes que nos rodean o estas han empezado a ahogarnos y ha llegado el momento de cambiar el entorno. A veces, nos acostumbramos a vivir incómodos, sintiendo que algo nos falta, que algo está mal o no estamos del todo conformes. Nos acomodamos a las paredes que nos rodean como si ellas pudieran protegernos de lo que está dentro de nosotros, pero no pueden y a veces pueden volverse nuestra jaula. Es necesario estar bien alerta y ser honestos con nuestro corazón.

Finalmente, siempre es un buen momento para dar una mirada objetiva sobre el lugar que habitamos y el que nos habita, para reconocer si las cosas están bien o ha llegado el tiempo de remodelar, nunca es tarde para sacar clavos, resanar, lijar, poner algo de pintura y volver a brillar. Como decía Frida Kahlo: “La pasión es el puente que te lleva del dolor al cambio”.