• DOMINGO 8
  • de marzo de 2026

Opinión

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El poeta que se fue temprano


 
Editor
Fidel Gutiérrez

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe

 

Albergaba la esperanza de que su respuesta a una interrogante tan absurda como varias de las situaciones en las que –según me contó– estuvo inmerso durante su vida, fuera negativa, irónica y sarcástica. Lamentablemente, no fue así. Guillermo Gutiérrez Lhyma en efecto había fallecido, a pocas horas de haber mantenido comunicación escrita no solo conmigo, sino también con otras personas más con las que empezó a relacionarse como consecuencia de la notoriedad que alcanzó vía las redes sociales.

Las nuevas generaciones lo identificaban como ‘Tío Factos’, sobrenombre que le dieron quienes lo llevaron al mundo del streaming; personajes que (a juzgar por el programa que hicieron para supuestamente homenajear su memoria, y que puede verse en Youtube) siguen hasta el momento ninguneando su trayectoria. Ellos parecen creer que Gutiérrez no inició su periplo cultural siendo parte del grupo poético Kloaka y escribiendo versos ásperos e intensos, sino que nació en ese espacio virtual y caótico desde el cual lanzaba opiniones (‘factos’) sostenidas en conceptos que, según el tema, podían ser tan sólidos como distorsionados. Este rasgo lo acercaba a esas manifestaciones viscerales de expresividad popular cultural y política que subsisten en ciertas calles de Lima, y que dan cuenta de la avidez con la que un sector de la clase media busca ir más allá de las alternativas culturales y políticas que los medios de comunicación “oficiales” ofrecen.

Precisamente, lo que llamó mi atención respecto a Guillermo, y me llevó a escribirle con cierta insolencia, fueron unos comentarios suyos sobre los músicos Saúl y Manuel Cornejo que consideré desafortunados. Su respuesta llegó semanas después, obviando mi ofuscado mensaje, pero comentando con respeto mis textos en el libro La hora del relevo; la biografía sobre el músico Daniel F. que escribí junto al periodista Aldo Vela y que un amigo común le había mostrado. Empezó entonces un constante intercambio de mensajes vía Messenger, pues Gutiérrez –¡vaya paradoja para un famoso personaje del streaming!– no podía costearse un celular e ingresaba a internet a través de una PC ajena. La promesa de, por fin, encontrarnos personalmente –no en el bullicioso espacio callejero en el cual vendía e intercambiaba libros, sino en una mesa– para conversar tranquilos con alguna bebida de por medio, quedó trunca el domingo pasado. Descansa en paz, poeta.