Editorial
“Estrategias como el EESI Territorial permiten canalizar ese potencial hacia un crecimiento más inclusivo, resiliente y descentralizado”.
El enfoque territorial de esta estrategia es su mayor fortaleza. El crecimiento económico del Perú ha estado principalmente concentrado en Lima y algunas pocas regiones, mientras vastas zonas del país permanecen al margen del dinamismo productivo. La EESI-T reconoce que no hay desarrollo posible si no se parte del territorio y de las necesidades concretas de cada región. Por tanto, promover inversiones descentralizadas, planificadas con visión regional y articuladas con los actores locales, permite no solo generar empleo e infraestructura, sino también crear las condiciones para un desarrollo sostenido y sostenible.
La magnitud de la estrategia es considerable: una cartera priorizada de 80,000 millones de dólares distribuidos en 62 proyectos en las 25 regiones del país. Esta cifra no solo refleja el potencial que existe en todo el territorio nacional, sino también la urgencia de destrabar iniciativas que muchas veces se ven paralizadas por trámites engorrosos, falta de coordinación institucional, casos de corrupción, o ausencia de consensos locales. Precisamente, por ello, el EESI-T incorpora un acompañamiento técnico y político que busca alinear voluntades, acelerar procesos y garantizar resultados.
No se trata simplemente de ejecutar proyectos, sino de hacerlo bien, con enfoque estratégico y visión de futuro. Por ejemplo, una inversión en infraestructura vial en una región amazónica no solo mejora la conectividad, sino que puede transformar el acceso a mercados para pequeños productores agrícolas, dinamizar el turismo o fortalecer servicios públicos como salud y educación. De ahí la importancia de que estas inversiones no se decidan desde un escritorio en Lima, sino que respondan a planes territoriales construidos de manera participativa.
El papel del sector privado es también fundamental. La inversión privada es motor del crecimiento, pero requiere de estabilidad, reglas claras y un entorno propicio. El EESI-T busca justamente construir esa confianza, identificando cuellos de botella, promoviendo alianzas público-privadas y demostrando que el Estado puede ser un aliado eficaz del desarrollo.
El Perú enfrenta enormes desafíos: brechas sociales, desigualdades territoriales, necesidad de empleo formal y de infraestructura básica. Pero también cuenta con recursos, talento y una posición estratégica en la región. Estrategias como el EESI Territorial permiten canalizar ese potencial hacia un crecimiento más inclusivo, resiliente y descentralizado. Si se implementa con eficacia y compromiso, esta iniciativa puede marcar un punto de inflexión en el desarrollo del país y abrir un nuevo capítulo de oportunidades para millones de peruanos.