Opinión

Periodista y sociólogo
El río Rímac, principal fuente de abastecimiento de agua para Lima, Callao y Huarochirí (concentran el 30% de la población peruana y aportan 46.5% del PBI nacional), soporta una alta contaminación, amenaza directa para la salud, el bienestar social, el medioambiente, el paisaje, el agro, la industria, la recreación y la seguridad ciudadana. Esto aleja al Perú del cumplimiento del ODS 6 para el acceso al agua y saneamiento.
La OCDE ha alertado que “La demanda de agua de Lima, ubicada en la Región Hidrográfica del Pacífico donde el agua es escasa, ha experimentado un fuerte crecimiento debido al aumento significativo (+ 51.8%) de la población en los últimos 25 años (INEI/UNFPA, 2020). Su población consumió 163 litros de agua per cápita/día en el 2018, por encima de los 100 litros recomendados por la Organización Mundial de la Salud”.
El problema es la actual caótica gobernanza del agua y del ecosistema, que está fracturada; y una consecuencia de ello es que del 2015 al 2023, sin articulación y planificación alguna, unas 50 instituciones públicas, en los tres niveles de gobierno, ha ejecutado 3,506 proyectos de inversión pública, a un costo de 28,000 millones de soles, en la gestión del agua (ANA, 2023), pero la recuperación del río Rímac no ha recibido nada. Y el Presupuesto Público 2025 apenas ha dispuesto el 0.59% para el sector medioambiental, donde está incluido el presupuesto de la ANA.
Hay falta ostensible de un enfoque holístico, integrado y planificado de la gestión de los recursos hídricos, tal como lo recomienda la OCDE: “El enfoque debe considerar la integración entre sectores y niveles de gobierno, y fortalecer el vínculo entre la gestión de los recursos hídricos y los servicios de suministro de agua y saneamiento”.
Por su parte, el Banco Mundial (BM) sostiene que el agua es un motor clave del desarrollo económico y social, y de los ecosistemas sostenibles en el Perú.
Por lo tanto, es loable que la nueva administración de la ANA comprenda el valor y la importancia socioeconómica del río Rímac, por lo que es imprescindible reactivar el Sistema Nacional de Gestión de los Recursos Hídricos; y que el Congreso de la República declare de interés nacional y necesidad pública la restauración del río Rímac, tal como lo ha propuesto recientemente la gobernadora de la región de Lima.
La gestión del agua es responsabilidad no solo de la ANA, sino también de todos: Gobierno, empresa privada y sociedad civil, con el apoyo de la cooperación internacional.
Más del 50% de los ríos están contaminados y abandonados; y la restauración del Río Hablador puede ser un ejemplo para seguir en el ámbito nacional.