• LUNES 11
  • de mayo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Una biblioteca popular en Alto Larán, Chincha


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


En medio de esa discreción compartida, florece un acto supremo de valentía cultural: una biblioteca popular. Una comunidad que, gracias a dos extraordinarios amantes de los libros y el fervor desde una persistencia de la cultura, se ha ido convirtiendo no solo en un punto de movimiento pedagógico, sino también en una forma de la esperanza y, acaso, nos regresa un poco de fe en las posibilidades del país y nos recuerda que no todo está perdido.

Que una biblioteca exista y, fundamentalmente, persista por el noble esfuerzo de quienes han convertido sus propias vidas en una entrega apasionada, incansable, es un signo de coraje conmovedor que no debe pasar desapercibido, más cuando es su propia casa el lugar desde donde cuidan el catálogo donado por amables amigos, además de aquellos libros que han ido incorporando con su propio peculio. De esa manera, mientras instituciones con ingentes recursos optan por despilfarrar en gastos no cruciales, en esta pequeña y audaz biblioteca distrital está sucediendo un acto de amor y patriotismo indescriptible. Durante la semana permanece abierta para que los habitantes del barrio, en la única biblioteca de alrededores, sea un espacio seguro y de protección de la memoria colectiva y del valioso conocimiento. Resguardado por unos resueltos guardianes de los estudios y el apego inefable por los libros.

Víctor Campos Ñique y Cecilia Almeyda son un dúo incansable de promotores culturales y, esencialmente, constructores de un legado. Desde ese precioso lugar dan un mensaje de persistencia desde hace muchos años. Aunque han intentado varias veces acceder a los estímulos económicos del Mincul, esto, injustamente, aún no se les ha dado, a pesar de que tienen todas las credenciales y la honestidad probada para merecerlo. Por ello recurren a instituciones y las redes de amigos que puedan ayudar en la donación de mobiliario y de libros. Colaborar con la perseverancia de una zona de conocimiento compartido es, en la práctica, una defensa real de igualdad de oportunidades y de democracia. Las bibliotecas son franjas de ilusión y de un nivel de renovación de vidas en dimensiones exponenciales. Un libro, en las manos adecuadas y deseosas de descubrimiento, es una oportunidad de cambiar la vida misma y, a la vez, el acrecentamiento de valor del país.

Esta biblioteca es una incidencia positiva en su comunidad que requiere del apoyo inmediato; por ello, nuestro reconocimiento a esa grandeza espiritual de aquellos que todavía creen en el maravilloso poder transformador de los libros.