• DOMINGO 8
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
APUNTES

El crepúsculo de los semidioses


 
Editor
Fidel Gutiérrez

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe

 

Los momentos principales de dicho documental –que en estos días puede verse en cines peruanos gracias a su reestreno mundial– son aquellos en los que Pink Floyd, el cuarteto musical británico, toca en un anfiteatro romano vacío, ubicado en Pompeya; aquella ciudad arrasada por la lava producto de la erupción del Vesubio. Las imágenes de esa performance, intercaladas con otras en los que los músicos recorren los áridos y humeantes alrededores del volcán, han adquirido una connotación cercana a lo mitológico.

He aquí, pues, a cuatro semidioses (Roger Waters, David Gilmour, Rick Wright y Nick Mason) exponiendo sus superlativas habilidades creativas en medio de las ruinas de una civilización otrora deslumbrante, pero ahora extinta. Toda una metáfora sobre lo que le ha ocurrido en los últimos tiempos al rock, género que al momento de la filmación de Pink Floyd en Pompeya se constituía como una expresión musical renovadora y poderosa, ubicándose en las antípodas de lo que ahora es: un género en ruinas que con inquietante frecuencia busca en su pasado antídotos que lo revaloren y salven.

El solo hecho de que en 1972 –año en el que se estrenó esta película– Pink Floyd fuese uno de los grupos musicales más populares y vendedores del mundo, da cuenta de que los valores artísticos y estéticos del rock tenían que ver mucho con lo progresista, antes que con lo complaciente y predecible. El repertorio exhibido en el documental da cuenta de ello, con composiciones que son ejercicios de experimentación sonora e innovación y que aun ahora –en pleno siglo XXI– suenan vanguardistas. En ellos, los instrumentos y la tecnología son conjugadas para trazar paisajes mentales, expresar emociones y adoptar posiciones frente a la vida y la realidad, como las expuestas en varias de las canciones de ‘The Dark Side of the Moon’ (‘El lado oscuro de la luna’), álbum que supuso un hito para la historia del rock y para la trayectoria de Pink Floyd, y cuya grabación puede apreciarse en algunos segmentos del documental comentado.

En una de esas escenas, Waters, cantante, bajista del grupo y eterno iconoclasta, alude a aquellos comentarios de cierta prensa que, ya para entonces, hace 53 años, daban por muerto al rock. Con británica sorna, el músico recuerda que estas opiniones venían dándose desde hace varios años. Para entonces, afirmaciones de esa índole contradecían a la realidad, pues la escena roquera derrochaba inventiva y se encontraba en constante renovación. Pero hoy, hablar de la agonía de este género musical es referirse a algo tangible. Así nos duela.