Opinión
Embajador de Rusia en el Perú
La Segunda Guerra Mundial dejó una huella imborrable en la historia, convirtiéndose en el conflicto más destructivo de todos los conocidos. Pérdidas humanas y materiales sin precedentes, enormes costos económicos y profundas transformaciones sociales son su trágico legado. Uno de los hitos más significativos fue el sitio de Leningrado, desde septiembre de 1941 hasta enero de 1944. En los 872 días del terrible bloqueo, perecieron más ciudadanos y soldados soviéticos que combatientes estadounidenses y británicos en toda la contienda.
En un plano más amplio, cabe recordar que en Rusia no hay ni una sola familia que no haya sido afectada por la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética ofrendó en el altar de la Victoria un sacrificio inimaginable: 27 millones de vidas de sus ciudadanos. El sagrado recuerdo de su hazaña está grabado para siempre en nuestros corazones. Ellos lograron resistir y vencer al nazismo gracias a su inquebrantable fuerza de voluntad y a su ilimitada lealtad a su Patria; por eso, en Rusia, la guerra de 1941-1945 se conoce tradicionalmente como la Gran Guerra Patria. La abnegación, el patriotismo, el amor por el hogar y la familia: estos valores siguen siendo fundamentales para la sociedad rusa hasta hoy día. En gran medida, sobre dichos cimientos se basa la soberanía de la Federación Rusa.
Es importante recordar también que gracias al triunfo de la URSS y de sus aliados sobre el nazismo se han creado las condiciones para la formación del sistema moderno de relaciones internacionales y se ha establecido la Organización de las Naciones Unidas. Lamentablemente, a medida que aquellos heroicos acontecimientos se alejan en el tiempo, con mayor frecuencia observamos intentos por diferentes fuerzas políticas de distorsionar la historia, tergiversar el significado de la Victoria común y relegar al olvido la hazaña de la Unión Soviética, que aportó una contribución decisiva a la misma. Paradójicamente, esta tendencia se manifiesta con mayor intensidad en Europa Oriental, totalmente liberada por el ejército soviético.
En estos días festivos descendientes de los vencedores, inspirados por profundo agradecimiento, llevan a cabo numerosos actos conmemorativos por todo el mundo. Dichos eventos transmiten a la comunidad internacional un claro mensaje: es indispensable defender la memoria histórica, evitar que las ideas destructivas y misantrópicas vuelvan a levantar cabeza. El olvido de las lecciones de la historia inevitablemente cobra un alto precio. Seguiremos defendiendo firmemente la verdad, basada en hechos históricos documentados.