• DOMINGO 15
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
reflexiones

Liviano de equipaje


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


Hizo algo bastante raro entre los políticos de América Latina: fue un ejemplo de integridad. Salió del gobierno sin haberse enriquecido. A diferencia de la casta que pulula en la región, no adquirió suntuosas propiedades mediante testaferros, ni abrió empresas offshore en paraísos fiscales ni cuentas en bancos extranjeros. Con una sencillez casi monacal, se retiró a su vieja casa de las afueras de la capital uruguaya donde pasaba la mayor parte del tiempo dedicado a sus cultivos de hortalizas y a pasar tiempo con su esposa. Una casa con lo necesario para la vida de una pareja de adultos mayores, sin lujos, sin sofisticaciones, y solo con el ya legendario Volkswagen escarabajo celeste para sus traslados.

Hasta allí llegaban cientos, tal vez miles, de personas con la ilusión de verlo o hablarle. Para él se convirtió en un acto de rutina negarse a recibir a todos. Tuvieron que instalar en la entrada un cartel que avisaba a los curiosos que no iban a ser recibidos y colocar un guardián que sin éxito intentaba hacer que se vayan. “No jodan, estoy harto de los periodistas”, dijo el viejo expresidente con humor a un reportero que había pasado varias horas esperando por verlo.

Las fotografías y videos en su casa lo muestran vestido con extrema sencillez, diríase hasta de forma desprolija para un expresidente. Se trataba, más bien, de fidelidad a un principio según el cual lo más importante y valioso en la vida no son las cosas materiales, sino ser feliz de forma honesta con lo necesario y sin más.

“O logras ser feliz con poco y liviano de equipaje, porque la felicidad está dentro tuyo, o no logras nada, y esto no es una apología de la pobreza, esta es una apología de la sobriedad”, dijo hace poco. Este discurso no está compuesto de frases bien intencionadas para la platea. Por el contrario, tiene bases filosóficas sólidas que podemos encontrar en el cinismo de Diógenes o en el estoicismo de Epicteto. Lo mismo cuando decía sabiamente que al comprar algo que no necesitamos, no estamos gastando dinero, sino el tiempo de vida que nos tomó reunir ese dinero.

Rechazaba homenajes, distinciones, medallas, y los pocos honores que aceptó los recibió casi disculpándose por el atrevimiento de molestar.

Todas estas virtudes lo convirtieron en un extraño caso en América Latina y en el Perú aún más. ¿Hubiera sido presidente del Perú de haber nacido peruano? Lo dudo. Seguramente hubiera obtenido el 0.005% de los votos.

No cabe duda de que Uruguay y América Latina ha perdido a un hombre íntegro cuyo legado esperemos inspire a las futuras generaciones.