• JUEVES 12
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Los amigos que no están

 
   
 Editor  
 
 
 Rubén Quiroz Ávila  

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario

 

Entonces, aparece un nuevo mundo, una versión de nosotros mismos acaso en otra dimensión, que en un constante ida y vuelta nos retroalimenta. Y la vida cambia para bien. Aprendemos a ser mejores, más amplios de mente, ya que la interrupción espléndida de seres que asumimos nos comprenden, enriquece con generosidad nuestra perspectiva. Nos buscamos mutuamente, bajo cualquier pretexto acaso, para charlar o, simplemente, en silencios cómplices, acompañarnos. Cuántas batallas personales y profesionales han sido resistidas porque teníamos el privilegio de estar en la compañía de quienes nos aman y respetan. Los amigos son los que estuvieron en esos momentos; la alegría se multiplica y la tristeza se divide. Las pruebas de qué material están hechas las amistades sucede en los momentos cruciales de nuestras vidas.

Sin embargo, con la vorágine de estos tiempos y las rutas diferentes, incluso lejanas, que han ido tomando los amigos, suele complicarse verse. Entonces, hay pausas, largas temporadas sin encontrarse, una llamada telefónica, un mensaje, un correo ayuda a minimizar el impacto de la ausencia. Pero un día, en un instante, sucede una hecatombe interior: ya no están físicamente. La muerte ejerce su imperio con los seres más hermosos y nobles también, nadie escapa de su dominio. Entonces el mundo se contrae, se reduce, se achica a niveles opresivos y pierde parte de su sentido y su encanto. Es que la vida está compuesta de las personas que queremos.

Cuando los amigos ya no están el horizonte vital cambia, algo se rompe en las capas más profundas y su significado gira. No obstante, en medio de esa nostalgia, el privilegio de haber acompañado a esos seres luminosos nos revitaliza, aunque, seguro, quisiéramos correr a abrazarlos de nuevo, la estela de ellos que vive en nosotros también resguarda su memoria. La vida continúa porque, además, los amigos que no están siguen de otra manera con nosotros, porque gracias a sus preciosas presencias somos también un resultado de esos aprendizajes y hallazgos compartidos, habitan en nosotros con su cariño y al recordarlos los volvemos a amar.