–¿José Faustino Sánchez Carrión fue un revolucionario?
–Para lograr la independencia, sí. El virrey Joaquín de la Pezuela lo consideró un insurgente, motivo por el cual, en 1819, tuvo que alejarse de la docencia en el Convictorio de San Carlos. Fue un revolucionario porque no estuvo de acuerdo con la monarquía, sea absoluta o constitucional; él quería la república y estaba convencido de que había que forjarla.
–¿Quiénes debían forjarla, según él?
–Por un lado, la representación parlamentaria; y por otro, la opinión pública, a través de la movilización de la población y la prensa. Por eso colisiona con Bernardo de Monteagudo, quien quería discutir este tema de forma cerrada en la Sociedad Patriótica, donde casi todos compartían su propuesta de implementar una monarquía constitucional. No quería debate, mientras que José Faustino, sí, y lo hizo a través de la prensa, escribiendo artículos con el seudónimo de El Tribuno de la República Peruana y el Solitario de Sayán.
–¿Y cómo logró generar una corriente de opinión?
–Lo que ocurre es que en la Sociedad Patriótica no leyeron una carta que él envió expresando su postura sobre la forma de gobierno que necesitaba el Perú, y decidió publicarla en la prensa, en la que empezó a hacerse conocida y a discutirse formándose una corriente de opinión.
–¿Y qué planteaba en esa carta?
–Que la monarquía iba a reforzar la tradición de vasallaje que se instaló durante el Virreinato, y que, acostumbrados al servilismo aprendido e internalizado, en vez de construir ciudadanía, la monarquía iba a crear vasallos. Además, sostenía que esa forma de gobierno siempre iba a conservar privilegios, por más que, por ejemplo, la nobleza luchara por la independencia que busca acabar con las diferencias tomando como base los apellidos o la fortuna.
–¿Por qué Sánchez Carrión no ha sido reivindicado?
–Porque fue civil. Si hubiera sido militar, otra habría sido la lectura e interpretación de su legado. El razonamiento se basaba en que los militares lucharon por la independencia, a diferencia de los civiles, que no empuñaron las armas. Para ellos, las virtudes como ser heroico, audaz, valiente y combativo eran más importantes que las virtudes cívicas.
–Además de pensador e ideólogo, también fue un organizador.
–Él cree que la república no se construye solo por decreto, sino desde la experiencia y la práctica, a través de las pequeñas normas, lo que los americanos denominan building state, construyendo Estado desde el nivel local, para ir involucrando a la gente, y para eso las personas tienen que ser libres. No se puede forjar una auténtica república con siervos y esclavos.
–¿Formó parte de una generación de ilustrados?
–Sí. Integró un grupo de estudiantes del Convictorio de San Carlos, formado por el rector Toribio Rodríguez de Mendoza, que fue elegido presidente de la mesa provisoria del Congreso Constituyente de 1822 por sus exalumnos, que eran 22 de los 92 congresistas. En este Congreso tuvo un papel muy destacado, pues fue uno de los principales redactores de la Constitución de la República de 1823 y uno de los coautores de las Bases de la Constitución que reflejan en esencia su ideario republicano y liberal.
–¿Cuál es su legado en el siglo XXI?
–Él propone un republicanismo liberal, y su principal legado para los jóvenes de hoy es que hay que tener valores y principios, y que el cargo público tiene una connotación moral más que funcional basada en el mérito.
–¿Qué quiere decir?
–En el siglo XIX había una alta rotación de funcionarios y servidores públicos, como ocurre hoy. ¿Y cuál es la connotación moral? La defensa del interés general, de la cosa pública, del bienestar común o general y de los recursos del Estado. Significa estar imbuido de valores personales y cívicos. Él fue consciente de que uno de los legados coloniales era la corrupción.
–¿Cuál diría que fue su principal legado?
–Que luchó por instituir y organizar una verdadera república: dar la batalla por un Perú mejor, crear instituciones y reglas; no aceptar el recorte de libertades, y defender la independencia de poderes.
–¿Qué rescataría de él como provinciano?
–Provenía de una familia con recursos económicos limitados, pero no hay evidencia de resentimiento ni rencor; quería estudiar, aprender. Fue un lector voraz. Como seminarista, aprendió latín e italiano; también francés, lo que le permitió leer a autores prohibidos como Voltaire o Rousseau, los pensadores más influyentes de la Ilustración europea del siglo XVIII.
–¿Por qué es importante conmemorarlo hoy?
–Porque estamos en deuda con él. Es uno de nuestros padres fundadores y no lo hemos reconocido como tal. Los norteamericanos se refieren con orgullo a sus Founding Fathers. No se valora suficientemente su aporte a la independencia, su defensa de lo civil como base de la república y su convicción de forjar una república de ciudadanos.
–¿Qué valor de José Faustino podría perderse?
–El sentido de comunidad política. Hoy los políticos se insultan mutuamente: “caviar”, “derecha bruta y achorada”, “ladrón”, “corrupto”, “castillista”, “humalista”, “porky”, “conserva”. La política se ha convertido en un repertorio de adjetivos e insultos, en el que ya no interesa el debate de ideas. En redes sociales, quien más estigmatiza, más visibilidad obtiene.
–¿Qué proceso truncó su muerte temprana?
–Su trayectoria como parlamentario y ministro, y sus esfuerzos por agrupar a los liberales, lo que habría sido la base para fundar un partido político. También se truncó el desarrollo del republicanismo liberal, que fue reemplazado por un republicanismo militarizado, y la posibilidad de institucionalizar un auténtico Estado republicano.
–Como Solitario de Sayán, ¿qué propuestas priorizó o cuáles modificó?
–Dio mayor énfasis a la consolidación de la república y a la necesidad de aprobar una constitución liberal. Abandonó su propuesta de una república federal al perder la votación durante el Primer Congreso Constituyente, instalado el 20 de septiembre de 1822.
–¿Puede ser un referente para nosotros hoy?
–¡Por supuesto! Puede ser un referente de que es posible vivir una vida mejor, de que vale la pena vivir en el Perú y dar la batalla por la defensa de los derechos.
Joven político
Para el historiador Javier Pérez Valdivia, el mayor aporte de José Faustino Sánchez Carrión se dio entre los 23 y 38 años, cuando se consideraba a una persona madura a los 19 años.
“La experiencia política se vivía a partir de los 15 años, y a los 17 algunos ya eran veteranos debido a la experiencia de la guerra”, explica.
El investigador cuenta que la revolución de la independencia apasionó al prócer como a muchos y a ello se sumó la adrenalina de la política. La guerra y la política le produjeron una movilidad social ascendente, desarrolló una carrera política, fue parlamentario y ministro, y en sus escritos y actos se percibe que recibió una excelente educación, a pesar de provenir de una familia modesta de la sierra liberteña.
“José Faustino tuvo hambre de saber y fue inmune a la sensualidad limeña, de jarana y fiestas, a la que no fue inmune el propio Bolívar. Sabía que como la población creció bajo un manto de creencias en la Colonia, la república tenía que nacer de un cambio de internalizado en la gente. Para él, hacer política era hacer pedagogía de valores. Por eso funda la Universidad de Trujillo y promueve la creación de escuelas”.
Datos
Una prueba indudable de que dio todo por la patria, incluyendo su salud, la brinda el médico Cayetano Heredia, quien encontró en el hígado la causa de su muerte: “Pliegue el cielo que mi ministerio no me comprometa jamás a reiterar observaciones sobre ciudadanos tan caros a la patria, tan caros a mi corazón”.
José Faustino Sánchez Carrión nació en la provincia de Huamachuco, en La Libertad, a más de 3,000 m s. n. m, el 13 de febrero de 1787. Murió en Lurín el 2 de junio de 1825. Tenía 38 años. Ars longa, vita brevis.