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Esta tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos (UNOC), que se celebra en Niza, en la Costa Azul francesa, cuenta con la presencia de cerca de 60 jefes de Estado y de Gobierno que deberán debatir temas como la minería en aguas profundas, la basura plástica o la sobrepesca.
Guterres defendió en el inicio de la conferencia que “las profundidades marinas no pueden convertirse en el salvaje Oeste”, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abriera la puerta a la minería en aguas profundas.
El anuncio hecho por Trump a finales de abril de que acelerará la revisión de solicitudes para la exploración y extracción minera más allá de la jurisdicción estadounidense añadió urgencia en el debate internacional sobre la explotación del lecho marino.
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El presidente de Francia, Emmanuel Macron, pidió por su parte una “movilización” para proteger los océanos.
“Las profundidades marinas no están en venta, como tampoco está en venta Groenlandia, ni la Antártida ni la alta mar”, señaló en referencia velada a Trump, que codicia Groenlandia, un estratégico territorio autónomo danés.
Macron reiteró su llamamiento a una moratoria de la explotación minera de los fondos marinos, apoyada por una treintena de países y que el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, calificó de “esencial”.
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Estados Unidos no envió ninguna delegación a esta reunión, donde Lula denunció que “la amenaza del unilateralismo” se cierne sobre el océano.
En debate
Tal y como recoge el proyecto de conclusiones, una de las medidas que se debatirán es el objetivo de que en el 2030 al menos el 30% de las zonas marinas sean áreas protegidas.
Es en el debate de las zonas marinas donde las ONG inciden más en la prohibición del arrastre.
Sobre la mesa esta también un impulso a las ratificaciones nacionales y la aplicación del acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) alcanzado en el 2022 sobre la eliminación de las subvenciones a la pesca perjudicial.
El proyecto de las conclusiones también incide en el apoyo a la pesca artesanal, “mujeres y comunidades indígenas” costeras.
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Empresarios
El presidente de la Coalición mundial de Asociaciones Pesqueras (ICFA, en sus siglas en inglés), Iván López, ha reivindicado, en declaraciones a EFE, “que todas las actividades económicas tengan los planes de sostenibilidad” que tiene la pesca hace años y esgrime su baja contribución a las emisiones.
Ha señalado que la declaración de zonas protegidas no debe ser un “abuso de la protección” en el sentido de que se excluya la pesca, sino que se haga “mirando a la ciencia” y determinando lo que requiere cada caladero concreto.
“También queremos poner el foco en otras actividades que ponen en peligro los océanos, muchas en tierra”, ha añadido, además de mostrar preocupación por el avance de la minería submarina, teniendo en cuenta la actual Administración de EE. UU. y argumentar la importancia de los pescadores como proveedores de alimentos.
El arrastre
Oceana es una de las ONG que ha pedido prohibir el arrastre en áreas protegidas y, en un texto con reivindicaciones para el Gobierno español de cara a la Conferencia, ha señalado que España está “progresando en protección de sus mares”, pero ha añadido que en muchas áreas, como las de la red Natura, hacen falta restringir ese arte.
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A escala mundial, según la ONU, el arrastre representa el 25% de las capturas.
En España, de los más de 8,500 pesqueros pertenecen a la modalidad de arrastre unos 887 y de ellos 556 están en el Mediterráneo.
Las organizaciones pesqueras españolas emprendieron a principios de año una campaña a favor de este arte, por su importancia social o alimentaria y también para defender que arrastreros como los del Mediterráneo, han tomado medidas, como la instalación de puertas voladoras, para dañar menos el lecho marino.
López señala que el arrastre mundial genera comida para alimentar diariamente a 213 millones de habitantes, lo que sería como dar de comer “a toda la población de Bangladesh”.
Frente a los ataques, López, que también preside la Alianza Europea de Pesca de Fondo (EBFA), ha defendido que en muchos países avanzados, debido a la “presión reguladora”, se ha invertido en tecnologías y ahora los arrastreros consumen menos combustible y dañan menos el fondo.
En Europa, Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Noruega o Islandia la realidad del arrastre “no es la de imágenes que nos muestran el que se practicaba hace 40 años”, ha concluido.
Aguas cálidas
Unido a la sobreexplotación, las aguas marinas continúan calentándose como consecuencia del cambio climático: según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés), la temperatura media de los océanos a escala global durante los cinco primeros meses del 2025 ha sido casi medio grado más alta de lo normal, en línea con los dos años previos, los más cálidos de la serie histórica.
A este calentamiento de fondo se suman olas de calor marinas –períodos de al menos cinco días con temperaturas extremadamente altas– que son “cada vez más graves”, añade Justino Martínez, del Instituto Catalán de Investigación para la Gobernanza del Mar y el ICM, ya que empujan a los peces a migrar hacia zonas más frías. (EFE)