Editorial
La forma como se obtiene el aprendizaje significativo ha cambiado de manera dramática en las últimas décadas. Las clásicas clases en las que el profesor se dedicaba a presentar un tema en el aula y los alumnos se encargaban solo de atender la materia del curso para cultivarse han variado debido al desarrollo de la tecnología y las comunicaciones.
El profesor tiene que disputar su atención con los celulares que los alumnos llevan a clase. Para los niños y jóvenes de educación primaria es un poderoso estímulo que atrae su atención a costa del dictado del profesor. Como resultado, el alumno no presta atención y la materia del curso no es asimilada, ante la frustración del docente.
El uso del celular genera lo que los científicos sociales han denominado el phubbing, o sea, la “presencia-ausencia” del estudiante porque está presente físicamente, pero su mente e intereses se hallan fuera de clases.
Aquellos que critican el uso de los celulares indican que generan trastornos mentales debido a los algoritmos adictivos de las redes sociales y problemas de socialización al aislarse de sus familias, amigos y compañeros. Otros de los problemas son el ciberacoso, la ludopatía, el exceso de tiempo en juegos de azar y el consumo de violencia que pueden afectar la personalidad de jóvenes en formación.
Y en el aula, al no completarse el ciclo del aprendizaje, que comprende la adquisición y transferencia de conocimiento, el alumno se quedará sin comprender la materia, lo cual repercute en la calidad de la enseñanza.
Aquellos que defienden el uso de celulares en clases sostienen que permiten buscar información o datos de la materia tratada en clases. Además, es una herramienta educativa tecnológica que puede utilizarse para pequeñas pruebas rápidas de conocimiento, mejorar la lectura colectiva, usar como diccionario, traductor o emplearla en otras herramientas digitales para la educación.
El celular es solo una herramienta que puede servir para múltiples propósitos, para potenciar la enseñanza o como un obstáculo para el aprendizaje.
Por eso, la ley aprobada por el Congreso establece que mediante los ministerios de Educación y de Salud se deberá aprobar un reglamento que regule su uso en los centros educativos para los fines pedagógicos o de salud que lo justifiquen. Y se obliga a sus directores a “supervisar su aplicación y adoptar bajo criterios de razonabilidad y proporcionalidad”.
Por eso, la utilización del celular en el aula es hoy en el Perú oportunidad y reto. Debemos aprovecharlo como una herramienta educativa y minimizar los riesgos de un mal uso.