Ser padre no es fácil ni es para todos los seres de sexo masculino; se necesita determinación para tomar de la mano a sus hijos y no soltarlos a pesar de las tormentas, se necesita valentía para hablar con transparencia y veracidad en los momentos de adversidad y, fundamentalmente, se necesita compromiso para convertirse en un ejemplo. Los pusilánimes badulaques no sirven para padres porque esta tarea no permite las huidas fáciles ni hay escondites cuando las cosas se ponen complejas; los hijos necesitan una pared que los proteja y no un piso endeble que los haga resbalar. Necesitan un techo que los ampare y no un paraguas con goteras que los llene de lluvia y tristeza.
De esta manera, es necesario reconocer que un padre también es irreemplazable. No comulgo con esa frase en la que las mujeres se asumen como el padre de la casa, no. Ellas fueron extraordinarias madres en un hogar sin padre, pero nadie puede ser madre y padre a la vez. Solo podemos ejecutar un rol y hacerlo de la mejor forma posible. Mañana se celebrará a los que están, a los que se fueron, a los que nunca estuvieron y a los que, sin serlo, están. Porque hay un grupo de hombres que por el amor que sienten por una mujer abren su corazón y acogen a niños como si fueran suyos, cargando con responsabilidades que no les corresponden, pero que son incapaces de abandonar; gracias a la vida por ellos también.
Por tanto, es necesario tomar conciencia de la importancia del rol del padre en la vida del ser humano; para los niños, ellos son el ejemplo de educación, formación, amor y responsabilidad que repetirán años después con sus propios hijos, y para las niñas, el padre es el modelo de hombre que buscarán para formar un hogar y educar a las siguientes generaciones, es decir, ser padre es muy importante, no es un rol de segunda categoría, es necesario que se empiece a valorar todo el trabajo y responsabilidad que esto significa.
Finalmente, esta columna está dedicada para los padres que hacen sentir orgullosos a sus hijos, los que no se rinden y también para los que han despertado de un letargo y ahora han elegido cambiar el rumbo para volverse puntal fundamental para sus hijos, corolario, recordemos las palabras de Carl Jung: “Los niños son educados por lo que el adulto es y no por lo que dice”.