• MARTES 10
  • de marzo de 2026

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En el centenario de la radio en el Perú


Editor
Ricardo Montero

Periodista


El cántico no era de bienvenida; al contrario, era la señal de que debíamos despedirnos para partir hacia el colegio. Era la década de 1970, un período crucial para el auge de un medio de comunicación que se convirtió en el hilo conductor de nuestras vidas. Su sonido resonaba en cada hogar, creando un ambiente de calidez y conexión. Mi madre la encendía a las 05:30 de cada mañana y no la apagaba hasta las 15:00 o 16:00. Comenzaba escuchando a un periodista piurano de potente voz que editorializaba repitiendo: “Nos preocupa…” A las 10:00 escuchaba boleros, a las 12:00, música criolla, y noticias y radionovelas a partir de las 14:00. Era un tiempo en el que la música, las historias y las noticias se entrelazaban, formando una banda sonora que transmitía sueños.

No obstante, mi padre y su pasión por el fútbol me acercó a la radio. Él escuchaba la transmisión de los partidos, preferentemente en las voces de Oscar Artacho o de Alfonso “Pocho” Rospigliosi, los líderes del periodismo deportivo de la época. Las narraciones le instalaban en el cerebro inmensos escenarios. Agitaba la voz, le gritaba al que perdía la pelota, le sonría a quien jugaba elegantemente, guardaba silencio si su equipo (Alianza Lima, para mi pesar) recibía un gol. Era como si estuviera viendo el encuentro en el estadio.

El teórico de las comunicaciones canadiense Marshall McLuhan explicaba que la radio crea una conexión más personal entre quienes hablan y quienes escuchan, ya que permite, a diferencia de otros medios, como la televisión, que la voz del locutor llegue directamente al oído del oyente, generando una sensación de intimidad, donde el oyente se siente parte de una conversación, incluso si está solo.

Este año, en el Perú celebramos 100 años de radio. En 1925 se lanzó al aire la señal de OAX, la primera radioemisora en el país. Es un centenario en el que no solo conmemoramos el avance tecnológico de este medio, sino también su impacto emocional que ha tenido en generaciones de oyentes.

Al mirar atrás, siento una profunda nostalgia: la melodía matutina no solo marcaba el inicio del día, era el ritual familiar que unía voces, risas y anhelos. La radio nos llevó a soñar, a emocionarnos, a conocer, a opinar con propiedad y a vivir intensamente cada relato y cada partido.

Hoy, en este centenario de la radio en el Perú, reconozco que este medio ha sido más que un transmisor de sonidos; ha sido un testigo de nuestras vidas, una ventana a nuestras emociones y un puente que nos ha conectado a todos.