• JUEVES 14
  • de mayo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Reflexiones

¿Estamos preparados para un sismo de gran magnitud?


Editor
Hernando Tavera

Jefe institucional del IGP


La verdad es que nuestras ciudades han crecido al revés: primero llegaron las invasiones, luego las calles y, mucho después, los servicios básicos. Esta expansión desordenada ha dejado a la gran mayoría de la población en condiciones de alta vulnerabilidad. Pero antes de responder si estamos o no preparados, es necesario comprender cómo y por qué las ciudades resultan afectadas por un sismo.

Primero, son las ondas sísmicas que viajan por la superficie las que generan el sacudimiento del suelo. Si las construcciones resisten este movimiento, el sismo no produce daños. De lo contrario, ocurren colapsos y tragedias. En este contexto hay dos factores clave que definen la vulnerabilidad de un área urbana: (1) la calidad del suelo y (2) la calidad de las construcciones.

Los suelos blandos –formados por arena, agua o relleno– tienden a amplificar las ondas sísmicas, mientras que los suelos compactos las atenúan. Por su parte, las construcciones sismorresistentes son aquellas diseñadas y ejecutadas por profesionales que aplican la normativa vigente. En cambio, las viviendas autoconstruidas no suelen considerar la respuesta del suelo, la calidad de los materiales ni una adecuada estructura.

A esto se suma la ocupación de zonas de alto riesgo, como laderas, quebradas y riberas de ríos, donde muchas viviendas se han levantado sin planificación, utilizando diversos tipos de materiales y sin control técnico alguno.

Frente a esto, cualquier ciudadano que observe con atención su entorno –las calles, viviendas, colegios, hospitales, parques– puede encontrar por sí mismo la respuesta a esta pregunta crucial: ¿estamos realmente preparados?

Los sismos de Arequipa en el 2001 (M8.2) y Pisco en el 2007 (M8.0) ya nos mostraron lo frágiles que somos. ¿Qué hemos aprendido desde entonces? Lamentablemente, hemos sido espectadores pasivos. Pocas veces hemos reflexionado sobre lo que debemos hacer como ciudadanos para evitar que nuestras familias sean parte de futuros escenarios de daño y destrucción.

La única forma de reducir el riesgo es conocer nuestras viviendas: saber qué materiales se usaron, cómo están construidas, si cuentan con planos y si los servicios básicos están bien distribuidos. Incluso podríamos empezar por algo sencillo pero poderoso: realizar simulacros familiares cada fin de semana.

Estar preparados es una responsabilidad individual y colectiva. Y debemos asumirla con seriedad, porque hagamos algo o no, el próximo gran sismo ocurrirá. Desde el IGP reafirmamos nuestro compromiso: Ciencia para protegernos, ciencia para avanzar.