Día de la Solidaridad Ruso-Peruana: cuando una tragedia sembró una amistad eterna
En 1970, un terremoto devastador provocó más de 66.000 muertos en el Perú. La Unión Soviética respondió con una misión histórica humanitaria.
Luis Iparraguirre Quiñones
Periodista
liparraguirre@editoraperu.com.pe
Era un domingo cualquiera. Una tarde cualquiera. Hasta que a las 3:23 pm la tierra tembló durante unos 45 segundos, alcanzando una magnitud de 7.9 grados. Murieron 66,750 personas, y se convirtieron en el desastre natural más catastrófico de la historia del Perú.
El terremoto desencadenó el desprendimiento de la pared norte del nevado Huascarán, la montaña más grande del Perú, y una avalancha de lodo, hielo y rocas sepultó las localidades ancashinas de Yungay y Ranrahirca, pero también afectó a unos 83,000 kilómetros cuadrados, espacio comparable al tamaño de Bélgica y los Países Bajos juntos, abarcando las regiones de Áncash (costa y sierra), parte de La Libertad (sur), e incluso los temblores se sintieron en Lima, Tumbes, Cajamarca, Huánuco e Iquitos.
En los días siguientes al desastre, más de 60 países respondieron con envío de suministros, asistencia técnica, equipos y personal de rescate. Canadá, Cuba, Estados Unidos, Chile y China establecieron puentes aéreos, donaron sangre, asistencia médica, ayuda humanitaria y toneladas de víveres, además de apoyar en la evacuación con rescatistas, escaladores e incluso con donación económica.
Un país solidario
Entre estos países, la antigua Unión Soviética respondió con una misión humanitaria sin precedentes: organizó un puente aéreo transatlántico con aviones An-22 que transportaron más de 60?toneladas de suministros, entre los que figuraron profesionales de la medicina, maquinaria, carpas, ambulancias, medicamentos y tres helicópteros Mi-8. Además, instaló un hospital militar de campaña en Huaraz, el cual brindó cerca de 32,000 atenciones. Y, como si fuera poco, también construyó viviendas prefabricadas en Yungay, y capacitó a voluntarios peruanos en rescate y primeros auxilios.
Tal como se lee en el Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano, el sábado 18 de julio de 1970, “el puente aéreo que por primera vez en la historia une las capitales de la Unión Soviética y Perú funciona perfectamente y con toda precisión… todos los días parten gigantescos aviones soviéticos con víveres, máquinas, casas, y todo lo que necesita la gente peruana afectada por el terrible azote de la naturaleza”.
Estos aviones, informó El Peruano, también llevaban consigo a jóvenes profesionales que no pasaban de los 30 años y que eran despedidos, como parte de la costumbre rusa, con flores por sus familiares.
Una tragedia
Sin presagiar lo que luego sucedería, ese mismo día, el sábado 18 de julio de 1970, uno de esos gigantescos aviones, exactamente un Antonov An 22, se estrelló en el océano Atlántico con 22 personas a bordo (16 tripulantes y 6 médicos) quienes fallecieron en el accidente. El Antonov había despegado del aeropuerto de Keflavík (Islandia) con destino a Halifax (Canadá), como parte de una misión humanitaria al Perú tras el terremoto. Fue en esa ruta en la que se perdió la comunicación.
En su edición del 21 de julio, El Peruano mencionó en la portada: “El Gobierno soviético confirmó esta noche la desaparición en aguas del Atlántico Norte de un gigantesco avión Antonov-22, que transportaba material de auxilio para los damnificados del terremoto del Perú”. Asimismo, añadió que el avión desaparecido era el más grande de transporte civil de la Unión Soviética y que tenía la capacidad de carga de 80 toneladas o de 720 pasajeros.
Ese mismo día, el diario La Crónica informó sobre la llegada del primer grupo de auxilio soviético que arribó a Huaraz: “Los 74 miembros que lo integran trajeron un Hospital de Campaña con capacidad para 200 camas, que será instalado a 4 kilómetros al norte de esta ciudad”. El diario también añadió que el doctor a cargo de este primer grupo permanecería en el “todo el tiempo que lo desee el Gobierno peruano”.
Una gran amistad
Y así fue. Una muestra sólida de amistad y solidaridad del pueblo ruso con un país como el nuestro, con el que solo tenía un año de relaciones diplomáticas y que lo separan miles de kilómetros.
Por este gesto, por este involuntario y trágico sacrificio, cada 18 de julio se recuerda el Día de la Solidaridad Ruso-Peruana. Una fecha conmemorativa que destaca los lazos de amistad y cooperación entre la Federación de Rusia y la República del Perú. Un país que sabe agradecer los gestos de buena vecindad. Un país que recuerda.