Opinión

Periodista y sociólogo
Si este megaproyecto de comunicación resulta factible, China –nuestro mayor socio comercial–, tendría una gran reserva de recursos naturales en la Amazonía y en los Andes, reafirmaría su liderazgo comercial mundial y asestaría un duro golpe a los Estados Unidos, en cuanto a influencia y predomino en América Latina. Por su parte, Brasil obtendría mayor acceso a Asia y África, robustecería significativamente su economía y será pieza clave en la Ruta de la Seda. Ambos países fortalecerían su liderazgo y poder político-económico en el grupo de los BRICS, bloque internacional de contrapeso a Occidente con su propuesta de un nuevo sistema global multipolar.
Y el Perú, ¿qué perspectivas tiene con el tren bioceánico? Es un gran desafío para la nueva administración del 2026. Acaso esta sea la razón por la que Brasil y China aún no contactan con nosotros sobre el proyecto. Lo cierto es que el próximo gobierno peruano tendrá en sus políticos la gran responsabilidad de una inmejorable oportunidad de desarrollo nacional, que puede marcar un antes y un después en nuestra historia y futuro.
En este panorama geopolítico, a partir del 2026 requerimos profundos cambios en la estructura política, social y medioambiental, para que el sistema encaje a todo nivel con las bondades que nos ofrece el tren transnacional. Necesitamos desarrollo sostenido, humano y con justicia social, dejando atrás más de 500 años de gobiernos –en su mayoría– nefastos.
Por ello es importante estudiar el efecto socioeconómico de este proyecto en la realidad nacional. Es un tema de alta complejidad que incluye gestión de futuro. Si no es así, podría profundizar serios problemas sociales actuales, como aumento de la corrupción, pérdida de la biodiversidad, alteración de la vida de comunidades nativas, narcoterrorismo, minería ilegal e informal, tala indiscriminada, contaminación ambiental, inmigración, trata de personas, comercio ilícito de especies nativas, conflictos sociales, etcétera.
Y en el lado positivo, con un buen gobierno de ancha base social, el Perú se consolidaría como hub logístico del Pacífico Sur, atrayendo inversión pública y privada, reorientando y diversificando su economía y peso geopolítico en la región; generaría nuevas fuentes de empleo e ingresos, mejorando las condiciones de vida de la población, especialmente, amazónica y rural, marginada por siglos; se impulsaría el mayor acceso a la tecnología y de negocios star up; las exportaciones se incrementarían significativamente; el ecoturismo tendría su mejor oportunidad, en fin, múltiples oportunidades para el progreso.
Si China y Brasil nos consideran en su corredor es porque poseemos un gran valor que ellos no tienen y necesitan: nuestra posición geopolítica. Entonces, conjuguemos una diplomacia de alto nivel y un buen gobierno.