• MARTES 10
  • de marzo de 2026

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Reflexiones

Formación técnica: herramienta para la inclusión


Editor
Gustavo Alva Gustavson

Director nacional de Senati


La transformación digital, la automatización y el crecimiento de sectores estratégicos están redefiniendo el perfil del trabajador técnico en el Perú. Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), sectores como manufactura, construcción, minería y tecnología lideran la creación de empleo técnico, con nuevas exigencias en competencias digitales, sostenibilidad y habilidades blandas.

Además, de acuerdo con el estudio Panorama de madurez digital de las organizaciones en Perú 2024, de EY Perú, es importante considerar que el 73% de las empresas en el país se encuentra aún en pleno proceso de transformación digital, lo que incrementa la demanda de técnicos en ciberseguridad, análisis de datos y automatización. En paralelo, áreas como logística, comercio electrónico y mantenimiento industrial requieren profesionales con formación práctica y conocimientos actualizados.

Ante este escenario, las instituciones técnicas se han convertido en actores clave porque les permite a los estudiantes desarrollar habilidades técnicas y blandas desde el primer ciclo, gracias al trabajo colaborativo con las industrias, con la finalidad de implementar y seguir potenciando carreras que no solo respondan a la demanda del mercado, sino que también ofrezcan empleabilidad inmediata y buenos ingresos.

Sin embargo, aún hay retos urgentes. La informalidad laboral, la escasa participación femenina en carreras técnicas y la necesidad de formación continua son barreras que impiden un acceso equitativo al empleo técnico de calidad.

Hoy más que nunca se necesita una apuesta decidida por la formación profesional técnica como herramienta de inclusión que no solo prepare a los jóvenes para un empleo, sino que también construya un futuro. Invertir en este tipo de educación no solo es apostar en productividad, sino también en cohesión social. El Perú tiene la oportunidad de cerrar brechas y construir un mercado laboral más competitivo, inclusivo y sostenible, transformando la educación técnica en una política de Estado, no solo como respuesta al desempleo juvenil, sino también como apuesta decidida por el futuro.