Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
Por supuesto, este país es también de quienes todos los días van a estudiar en las diversas escuelas, urbanas, rurales, que cruzan ríos caudalosos, remontan cerros, que se refugian en el saber con antiguas infraestructuras que han soportado hasta el olvido, y las nuevas, las estrenadas, las recién edificadas con nuestros impuestos, como un anuncio de una esperanza que se resiste a irse.
Este país es de aquellos que deciden emprender una y otra vez, que a pesar de las constantes vicisitudes y las inclementes pérdidas, vuelven a soñar para reconstruirse, incansables, sin resignación, como si empezaran todo de nuevo incesantemente. Y es de las mujeres que cargan un mundo sobre sus espaldas, con tal coraje y fortaleza que aunque lo hacen solas dirigen y organizan la vida de sus hijos con vehemencia y amor de magnitudes cósmicas. Y hablan del cariño en quechua, del afecto responden en aimara, de los sentimientos y posibilidades claman en una de las lenguas amazónicas, del futuro entonan con el lenguaje de su corazón y la insistencia histórica de que, como anunciaba Vallejo, un día estemos desayunados todos.
A la vez, este largo y contradictorio país es asimismo de los empresarios que generan riqueza con responsabilidad, que piensan con convicción que su hermosa y precisa comarca que los acoge es de todos, y lo respetan con una ética inquebrantable. El Perú como una pasión venturosa y una acción orgullosa. Porque esta, su tierra, es generosa y venerable, un territorio que ha trazado sus coordenadas vitales y ven en cada uno de sus compatriotas a un hermano, a un prójimo para trabajar juntos, como un par con el cual requieren convivir mirando un horizonte compartido y con el reconocimiento pertinente por el valor que agregan a la cadena de producción.
Y es también de los políticos, algunos, que aún creen en el porvenir conjunto, en el bien común factible, en el sueño de un país sincronizado en los anhelos, en una oportunidad distribuida con justicia y tenacidad cooperativa. Y que lideren, les exigimos, el proyecto republicano de una comunidad fraterna, ecuménica, capaz de tolerarse en las diferencias siempre tan notorias pero salvables.
Y, claro, este país es de todos los colores, de todas las probabilidades, de todos los que siguen creyendo, con una persistencia asombrosa, que hay un lugar para todos, incluyendo los que se fueron, ellos que desde un punto del planeta siguen creyendo que son peruanos y cada 28 de julio entonan con nostalgia a la patria que perdieron o de donde fueron ahuyentados sin anestesia. Es que somos peruanos no solo por el sabor exquisito, el aroma gastronómico placentero, el paraíso musical que nos rodea, sino además porque, incluso en las noches más oscuras, pudimos reconstruir al país y unir sus pedazos a los de nuestro propio futuro. Y, claro, lo volveremos a hacer.